CUANDO OTRO VIAJÓ POR VOS

CUANDO OTRO VIAJÓ POR VOS

Este post es para vos, viajero/a que supiste recorrer tierras ajenas y ahora las recordás a la distancia.

Hace ya un año que volví de un viaje largo.
Volví convencido de volver, aunque suene a redundancia. Lo hice con muchas ganas de cambiar un estilo de vida que ya me quedaba viejo. Podía oler su fecha de caducidad.
Añoraba viejas costumbres: tener un ropero, una cocina propia, una ciudad con sus cuatro estaciones, saber el nombre del verdulero y, sobre todo, dejar de sentir esa cansina sensación de tener que estar partiendo constantemente.

¿Lo sentiste alguna vez, vos viajera/o?

Hoy estoy sentado en esta cafetería, un poco de sol entra por el ventanal. Afuera, late esta ciudad que ya conozco como si fuese mía, que huele a mar y que la habito como otras personas que saben que este es su lugar en el mundo.
Yo pretendo familiaridad mientras me reconcilio con la rutina de tener cuentas fijas, clases semanales de yoga o sacar la basura los Martes y Jueves.

Te podría decir: estoy donde quiero estar.

Pero hay un pensamiento recurrente que me invade: la sensación de no haber sido yo aquel que viajó casi sin parar por tres años.

¿Te pasa a vos, viajero/a? Haber estado en lugares que pensás que no eras vos sino otro vos (sí, aunque suene redundante. Otra vez).

Esa, dejame decirte, es una de las sensaciones más extrañas que siento desde que volví.
Esa sensación de tener recuerdos ajenos.

Si no ¿cómo explico que fui yo el que una vez cantó en la televisión de Rumania con una guitarra más desafinada que mi propia voz y un papá Noel bailando atrás mío?
¿Acaso lo bizarro no es cómico? ¿Me animaría hacerlo hoy, cuando la vecina ya me reconoce? ¿Me hubiese animado alguna vez? ¿En serio, un Papá Noel bailando atrás mío? (Hay un video en youtube que alguien, en un acto de total impunidad, subió) (No, no te voy a poner el hiperlink)

Al aire.
¿Cuál es la probabilidad de que se entreguen los Oscar, que justo estés en El Salvador y que veas la entrega con el único salvadoreño que lo ha ganado?

Cómo le explico yo a la gente que una vez en México me picó algo en un dedo, se me hinchó, infectó, quedó del tamaño de un melón y, por no tener seguro médico, terminé en un Zoológico atendiéndome por los biólogos que estudiaban la toxicología de los arácnidos.

Esto me enseñó que no precisás seguro de viaje hasta que lo necesitás (luego de eso, los amigos de tusegurodeviaje.net, me mantienen asegurado a cualquier lado que vaya. Ahora ya no me atiendo más en… ¿zoológicos? ¿En serio?).

En este momento miro por mi ventana y mi reflejo reconoce a este que soy ahora. Pero me hace una mueca de desconfianza al recordar aquel que fui. Reconoce también esta ciudad que ya es tan mía. Me dice que estoy a salvo, que una casa me espera al salir de esta cafetería. Una casa grande, a metros del mar y con muchos roperos.

¿O cruzar el Mar Caribe en un carguero con un solo motor, con tormenta y estar 36 horas para llegar a un Isla en medio de la nada en Nicaragua? (Ah! La foto de la portada es cuando, en esa isla, vendía libros con el paraíso en frente)

Un recuerdo me viene que mi reflejo, otra vez haciendo una mueca, no reconoce: la imagen de una habitación de una pensión hecha mierda y de dudosa salubridad en Antigua, Guatemala.

Era un edificio colonial de tres pisos lleno de paredes caídas, gringos locos de la guerra de Vietnam y parejas locales alcohólicas que ponían la radio a las 9.00 am a todo volumen y cuando se mamaban, a eso de las 11.00 am, se ponían a pelear y gritar.

Había algún viajero europeo de acento francés y estaba yo, que, luego de meditar por las mañanas, me pasaba horas mirando el humo que tiraba un volcán que daba a mi ventana.

“Despreocúpese compadre” me decía el esposo borracho “Si ese volcán explota, estamos como a quince kilómetros” “Uh, bien. Menos mal” decía yo con total calma. ¿Con total calma? ¿En serio? ¿Un volcán en mi ventana? ¿Largando humo? ¿Yo meditando?

¿Vos que pensás viajera/o? ¿Qué historias te cuenta el reflejo de tu ventana? ¿Qué te sucede cuando sentís que otro viajó por vos en tu memoria?

Alguna vez lo charlé con un viajero de la vieja guardia, con miles de kilómetros de viajes encima. Me remató diciéndome algo tremendamente revelador: se preguntaba si él, en realidad, era aquel que había sido y no el que es ahora.

Aunque yo pienso, dejame confesarte, que puede que a veces somos unos, a veces otros y, casi siempre, todos a la vez.


Este post lo escribí porque los amigos de tusegurodeviaje.net me preguntaron “Nico ¿qué pasa que ya no escribís sobre viajes”. Entonces, traté de escribir y, al comenzar a recordar, no podía dejar de pensar que todos aquellos viajes me eran extraños. Esto, lo que acabás de leer, fue lo que surgió al principio, cuando estaba calentando el músculo escritor.

A propósito, si estás pensando en viajar y vivir historias que luego recuerdes ajenas, tenés que estar asegurado. No sea cosa que termines en un zoológico atendido por gente que estudia el ADN de los mapuches de Sumatra.

Acá podés buscar los mejores planes para tu seguro de viaje.

6 thoughts on “CUANDO OTRO VIAJÓ POR VOS

  1. Muy cierto; somos otro en los viajes? Me he descubierto bailarina en un escenario de un Club Med, modelo en un desfile en Turquía, cantante en Cuba, cocinera en un crucero…..,Actividades todas, que no son parte de mi personalidad diaria.Pero qué buenas fueron las experiencias.. Tu post ha desatado recuerdos y eso es parte de la respuesta al título.

    1. Si. Es increíble todo lo que hacemos ayudados por el contexto.
      El dejarse llevar y habilitarse a ser uno diferente según lo que nos toque vivir, también es parte del viajar.
      Abrazo Cristina!!!

  2. Somos todos esos que fuimos en cada lugar aun cuando sin viajar cambiemos llendo del comedor a la plaza de enfrente porque nos invadio un pensamiento….

  3. ¡’¡¡que pensamientos surgen con solo contemplar lo que hay detrás de una ventana.”
    esa charla contigo mismo ,hace que descubras Quien eres.
    Me gusto mucho tu escrito, me recordó ami , cuando estoy encerrada en el salón de clases , y yo volteo a la venta; pienso que el mundo esta allá afuera- atrás de una simple ventana

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