HABILITARTE A ESCRIBIR (o pensar la escritura como un juego)

HABILITARTE A ESCRIBIR (o pensar la escritura como un juego)

Me siento a escribir. Hoy es algún día de la segunda semana de este viaje. Estoy en Valparaíso, Chile. Ciudad de cerros porfiados y calles mareadas. Los grafitis en la pared parecen ser la marca ciudad. La costa, inalcanzable para estos pies acostumbrados a olas y arena, queda a la vista de todos. Las casas de colores siguen el relieve de la geografía.

Yo estoy en una de esas casas y me desperté con la extraña sensación de que la escritura se me escapa.

Tal vez no es que se me escape, esa creo que no es la palabra. Siento, en realidad, que se me resiste. Estoy teniendo esa sensación que me predispone a no escribir y me dice, con toda la furia, que no lo haga.

Pero en serio que no lo haga. Es como una obligación sobrenatural que con toda su furia me dice “no lo hagas”. En definitiva, creo que le estoy diciendo a mi Yo Creativo que es mucho más cómodo no escribir que hacerlo.

Estoy en ese momento que se posa entre las ganas de escribir y su imposibilidad. Vivo en ese deseo postergado de tener la mano en acción que me permita aterrizar todos mis pensamientos en un papel.

Quiero volver a la fluidez que he tenido tantas otras veces. Pero me cansa la cuarta línea escrita, me ahoga y me frustra. No me quiero hacer el tiempo. Siempre, pero siempre, pongo algo delante para hacer. Incluso cuando no estoy haciendo nada.

Entonces, la duda me come la vida ¿Cuándo podré? ¿Cuándo dejaré de decirme que no es el momento de hacerlo? Si no es en vacaciones, acá en Valparaíso, con su arte que brota por los poros de cada pared ¿cuándo va a ser?

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Vista de algún cerro en Valpariso

Cuando trabajaba en relación de dependencia y ocupaba doce horas de mi vida trabajando, escribía mucho entre las cajas, autoelevadores y empleados que pasaban con diversas tareas.

Recuerdo la ruta, un mapa con caminos trazados, el sol y yo ahí, al costado, con una libreta anotando todo lo que me atravesaba.

Me veo ahora, de vacaciones, trabajando solo seis o siete horas semanales, el tiempo a mis pies y con esta libreta que hace tres días que no escribo.

Que mentira enorme nos inventamos cuando nos decimos que escribiremos cuando tengamos tiempo.

“Necesito un año sabático para escribir mi libro”, “El fin de semana, cuando no esté trabajando”, “estoy esperando ir a la playa”, “cuando termine estas otras 38 tareas que tengo que hacer”. 

Y así, tu vida se para en la mentira de la procrastinación y todas las gambetas que hacés para no enfrentarte con la escritura. La ves como algo duro y difícil. La ves, en definitiva, como un enemigo.

Y así, amigo mío, la escritura deja de ser lo que es: un juego.

Un juego que yo no me he permitido jugar. Te lo reconozco. Siento que la he aniquilado y dado paso a otros miedos ¿Cuáles? Aún no los puedo cotizar.

Lo pienso y reflexiono ¿Sabés qué? Te voy a decir algo simple: la escritura surge y si no ayudás a que lo haga, se va a quedar quieta esperando el momento en salir.

Ella anda ahí, merodeando y aguardando tu llamado para venir a jugar con vos.

El problema es que, a veces, nos hacemos tan adultos que nos decimos que el juego es cosa de niños.

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¿Y qué pasaría si nos diéramos permiso? ¿Qué sucedería si te habilitás a jugar? ¿Si le sacás el dramatismo? ¿Qué es lo peor que te puede pasar? 

Hay que darle el espacio a tu escritura y no tenerle miedo, ella no muerde ni ha matado a nadie (por más que hemos crecido con la imagen del escritor sufrido y deprimido que termina sus días atrás de litros de alcohol y podredumbre creativa).

Es hora de sacarle el morbo y toda la carga solemne y elevada que gira alrededor de la escritura. No hay que ser escritor para escribir  ni hay una maestra tirana que te reprobará porque no le gustó lo que escribiste.

Si me apurás, no hay un escribir bien y un escribir mal. Hay un escribir. Punto.

Escribir es mover la mano y convertir en palabras las ideas que te invaden en ese momento. Solo eso. Por ahora, solo eso. No necesitás más.

¿Qué pasaría si a la escritura la tratáramos como algo sagrado, como el cuidado de nuestra salud o la relación con la persona que amás?

Salir a correr seguido tiene beneficios ¿verdad? Tener detalles con esa persona que te acompaña hace que la relación sea mejor día a día ¿no? Bueno, con la escritura es igual. Tratarla como se merece y darle el espacio.

Valparaíso es testigo de que el arte no es escusa ni pereza. El arte, la creatividad o la escritura, es fluir con lo que te sucede y habilitarte a expresarlo de alguna manera es regalarte parte del propósito de la vida.

La creatividad es algo que llevamos dentro, es algo tan natural como el respirar (pensá: ¡somos seres capaces de crear vida!). Ella está siempre con nosotros y nos espera a salir a jugar, sea en un trabajo de doce horas, al costado del camino o en una ciudad llena de colores y cerros porfiados.

Y a vos ¿Cuál es la mayor limitante que te impide escribir? O ¿qué es lo que hacés para hacer que tu escritura fluya?

15 thoughts on “HABILITARTE A ESCRIBIR (o pensar la escritura como un juego)

  1. Te conocí en mi país El Salvador, nada más platicamos por unos treinta minutos, no sabia que escribias y me agrada mucho leer tus articulos, siento que mucho aprendo para vivir de mejor manera mi vida, saludos y Feliz Navidad…Sigo pendiente de ti.

  2. Qué gran texto, Nicolás. Lo voy a compartir en un grupo de escritura que coordino en Santiago todos los viernes.
    Me pasa con la escritura que es en lo que trabajo. Estoy siempre escribiendo, pero me cuesta ponerle voluntad al momento de abordar mis proyectos personales. Por eso mismo empecé a coordinar ese grupo después de haber viajado por otros países y haber asistido. Tener un día definido que es para esos proyectos me ha ayudado bastante.

    Gracias por la inspiración.

  3. Wow, gracias por compartir esto…pienso en escribir tantas veces a la semana y siempre por un absurdo motivo u otro no lo hago. Es cierto que a veces esperamos el momento ideal, lo que siento al escribir es tan hermoso y especial que incluso las emociones mas duras de sentir en la vida cotidiana en el papel fluyen como agua dejando mi alma empapada de frescura. Encuentro en cada personaje que creo a un aliado, alguien que va a hacer, pensar, y decir lo que yo necesito para en ese momento sacar a la luz mi propia escencia. Nunca me he reido tan naturalmente como cuando lo hago con mis personajes, nunca he llorado tan intimamente como cuando lo hago con mis historias, jamas me he descubierto en una sonrisa tan nitida y real como cuando vivo esas historias que aunque yo misma voy creando, yo misma voy aprendiendo de ellas. Aprendo siempre mas y mas de esos mundos nuevos que me creo donde se vuelca lo mas profundo y espiritual de mi. Gracias otra vez por compartirlo. Ahora.. voy a ir a escribir!! Jaaja 😃

  4. Es lo que necesitaba leer. El miedo a hacerlo mal me paraliza, pero pensándolo así, la escritura como un juego, todo fluye de otra manera. Gracias, inmensas gracias.

  5. A mí me funciona escribir a diario, todos los días lo que sea. Cuando dejé la pretensión que todo lo que tenía que escribir debía ser bueno empezó a fluir una escritura más sincera. Cuando dejó de importarme lo que el mundo dijera de lo que escribo mejoro considerablemente, porque para mí la escritura es la mejor forma de mirarme, de limpiarme y vaciar todo lo que no soy, es lo que me gusta hacer y da lo mismo si lo hago bien o mal.

    Abrazo.

  6. Me gusta escribir, mucho… más que hablar. Siempre tengo otras cosas que hacer, necesito mucha paz y silencio para ello, me diustraigo con facilidad, quiero hacerme un hábito escribir, pero no me decido.

  7. Hola Nico. Me siento identificada con mucho de lo que dices pero me quedo con la frase “no hay un escribir bien y un escribir mal. Hay un escribir. Punto.” Para mí, escribir es tan necesario como comer, dormir o hacer ejercicio, y por eso tengo mis horas. Da igual si no tengo la cabeza fina o las ideas claras, escribo para calentar los dedos y no me apuro si no me gusta el mensaje al igual que no me apuro si algún día el almuerzo no quedó perfecto o si el sueño no fue especialmente bello.
    Pero sigamos escribiendo, siempre. Un saludo

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