LAS PARTES AUSENTES DE MI MOCHILA

LAS PARTES AUSENTES DE MI MOCHILA

Acabo de armar mi mochila. Puedo ver en ella todas las partes ausentes que no viajarán conmigo esta vez. Otra vez, el cambio.

En todos estos años, mis viajes han mutado: muté del viaje en pareja al viaje en solitario, del avión transoceánico al dedo en la ruta. Dormí en All Inclusives, hostales y carpas en los bosques. Viajé con amigos, con novias de paso y con desconocidos.

Lo hice por un tiempo y volví.

También, cuando ese volver careció de sentido, me fui para siempre.

Transmuté otra vez y volví a viajar en pareja.

El viaje y sus maneras han cambiado porque yo me he transformado en el camino, ya te lo he dicho hasta el cansancio. Y esas diferentes formas, se me ocurre, hablan mucho sobre lo que somos en ese momento determinado.

Dime cómo viajas y te diré quién eres, se podría decir.

Y sobre lo que somos en un instante preciso y los viajes que reflejamos me pongo a pensar (¿escribir?) sobre lo que cargamos con nosotros cuando salimos a descubrir el mundo.

Acabo de armar mi mochila. Sí, salgo de viaje otra vez. Puedo ver como hay cosas que no se irán conmigo y que en otro momento no llevarlas era como viajar sin una parte vital de mi cuerpo.

Miro mi mochila y veo pedazos ausentes de mi historia. Puedo observar en ese vacío, una parte de mi que ya no es.

Miro mi mochila y no siento, no veo, no necesito. Mi carpa y mi sobre de dormir han quedado obsoletos ¿Cuántos bosques, playas y baldíos me vieron nacer cada mañana?

¿Te acordás de esa sensación?

Era yo y todo el mundo por delante.

Era yo el creador de mi realidad.

Era yo y la posibilidad infinita que te da la más absoluta libertad.

Busco en esta nueva mochila y no encuentro mi tabla de corte, mi cuter, mi silicona líquida ni los papeles que se convirtieron en alguno de mis dos libros. Y mirá que los libros fueron el combustible de meses y años de viaje. Ni te imaginás. Era mi carta de presentación en cualquier mundo que pisase.

No está la bolsa de avena ni la leche en polvo que me salvaba. Yo tan vagabundo que me sentía, todas las mañanas estuviese donde estuviese, ese desayuno nunca fallaba.

No está todo aquello que fui alguna vez. Ya casi nada queda. Pero no creas que te hablo desde la nostalgia. Por favor, no me malinterpretes. Todo lo he transformado porque sí. Porque en esa absoluta libertad elegí otros caminos como quien elige la ruta en un mapa cualquier fin de semana de vacaciones. Entonces, se me ocurre, que no es que ya nada queda sino que todo está ahí, pisando a otro ritmo.

Pienso en todos mis amigos de ruta y en los objetos con los que viajan. Will amante de la cocina y luego de cuarenta mil kilómetros en su moto, aún viaja con sus ollas de teflón, sus especias y su cuchilla de chef. Nico, fotógrafo romántico, aún hace sus viajes con su Nikon mecánica del ’78 y revela sus fotos por el camino. Ni Toru concibe viajar sin su espada de Samurai de su Japón natal ni Chan con su cafetera expreso para tener todas las mañanas su café aromatizando su vida nómada. Tantos viajeros que cargan consigo todo eso que son ese momento.

¿Cuántos Yoes podemos ser en una sola vida?

¿Cuántos objetos ausentes viven con nosotros como cicatrices de nuestra niñez?

Miro y me observo otro. Pero soy el mismo que ha cambiado. Mis objetos dentro de esa mochila son diferentes. Ahora, tal vez, no lo sé, necesite solo un par de mudas de ropa de estación y un par de libros para leer, porque toda mi vida material ya no viaja sobre mi espalda.

Acabo de armar mi mochila, la miro y aunque es la misma mochila, esa que ha recorrido conmigo 40 países, siento, pienso, que, tal vez, es otra mochila. Raro ¿no? ¿Ella habrá cambiado conmigo o se estará preguntando donde están las demás partes de fuimos juntos alguna vez?

No amiga, por ahora no están más. Puede que esas partes vuelvan en el futuro. Pero seguro que si lo hacen, aún así, no serán las mismas. Vendrán crecidas y transformadas gracias a los aprendizajes que hemos tenido en todos nuestros pasos.

Y vos, viajera/o ¿cuáles han sido esas partes de tu mochila que te ha tocado transformar? ¿Las extrañás? ¿Cómo te reinventaste?

8 thoughts on “LAS PARTES AUSENTES DE MI MOCHILA

  1. vivo reinventandome, porque de cada viaje o movida, sea express o mas larga, siempre aprendo algo de mi mochila.Lo que no es necesario traer ya mas , lo que queda sin duda, y lo que seria genial sumar! y me encanta la sensacion que me genera pensar en volver a armarla. Es todo un rito emocionante. Elegir, guardar y aprovechar. No añoro nada de lo que bajo, porque si algo bajo es con conviccion, lo otro sigue estando (aunque no siempre sirva jajajaj

  2. En un mes me voy y estaré mes y medio fuera de casa. Mi mochila carga. Por ahora no puedo viajar sin mi computadora, ni mi cámara ni mis libros, ni mis cuadernos…es mucho, pesa….Todavía me falta entrenamiento para soltar algunas de mis pasiones que van conmigo a todos lados. En este viaje agregaré fotos viejas porque será un viaje en busca de las raíces.
    La improvisación todavía no es lo mio. Prometo entrenar…soltar planos, mapas y dejarme ir……más liviana por ahi!!!

  3. Pues un poco lo que se ha transformado, o que está ausente, es justamente la mochila. Salí de viaje hace unos meses, con poquísimas cosas y dispuesta a enfrentarlo todo. Caí en Barcelona y las cosas se fueron dando para instalarme aquí. Empecé a comprar y a llenarme de más y más cosas, hice viajes cortos pero ya con valija y siempre con fecha de vuelta. Y ese espíritu de aventura quedó un poco en suspensión, no lo extraño, está ahí reinventándose.
    Un poco descubrí que a veces quedarme quieta es más desafiante que vivir en movimiento: me quedo acá para asegurarme de no estar escapando de nada. Que si hay algo que me viene siguiendo, que me alcance aquí, que aquí lo enfrento.
    Ya luego, ya fortalecida, ya entera, tendré que ver cómo seguir.

    Gracias por tus palabras, un abrazo y buen viaje 🙂

  4. De muchos viajes, este será el 1° de mochilera con carpa y con fecha indefinida de regreso. Quisiera llevar de todo, pero se que no es conveniente por todo lo que he leido. Lanas, hilos para tejer y un blog de notas del viaje por San Luis, Mendoza , Neuquén y cruzar a Bariloche, hasta subir al tren Patagónico y pasar por Viedma y volver a Bs As, esto si es infaltable. Es verano la próxima salida, el desapego está en proceso, no puedo llevarme los cactus, la huerta orgánica y un covertor por si hace frío, tengo que delegar en mis hijos lo que dejo …..quiero perderme un tiempo de tantos mandatos y obligaciones. No tener que llevar medicación para la presión sería lo ideal, tener que estar pendiente de no olvidarme es una pesadilla. Lo principal será no extranar la casa y querer regresar.

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