43 CONFESIONES SOBRE MIS ADICCIONES

43 CONFESIONES SOBRE MIS ADICCIONES

Esto son 43 confesiones sobre mis adicciones escritas en un bus rumbo a mi pueblo. Hace un tiempo lo escribí y no pensaba compartirlo porque desnudaba algunas verdades que siempre evito decirme. Luego me di cuenta que no es tan importante y que siempre estaré protegido por mi Yo escritor que puede decir, desdecir, inventar, crear, hablar con la verdad más crudaa del mundo y hasta hacer pasar por verdad cosas que nunca sucedieron. De eso se trata la escritura: creación a partir de cualquier cosa (existente o no).

Advertencia 1: el post es un poco largo. Vale scrolear y leer salteado. O no leer en absoluto.

Advertencia 2: no intentar esto ni en su casa ni en ningún otro lado. Mantener las adicciones alejadas de los niños (salvo la de viajar)

1. Estoy en la terminal de bus. Vengo de la casa de un amigo y me fumé un porro. Eso me dejó con un problema motriz bastante importante. No puedo coordinar dos cosas a la vez: mirar la hora y sacar los auriculares, ponerle play al Spotify y sentarme, cerrar la mochila mientras dejo el pomelo Paso de los Toros al lado mio.

2. Acabo de tirar la botella de pomelo. Cayó y fue como una bomba atómica. La gente se me quedó viendo. “Hay que romper la monotonía de la espera” se me ocurrió decir para salir del paso.

3. ¿Quién me mandó a fumar este porro?

4. Yo y mis adicciones. Hay algunas que me gustan. Por suerte no he tenido adicciones conflictivas (si claro, de eso me quiero convencer).

5. Con el porro tuve una relación un poco conflictiva. Si te tengo que confesar. De esto me di cuenta hace un año y medio: aunque comencé a fumar a los 24 años, en cierto momento de mi vida no existía momento libre en que no estuviese fumado.

6. Esos momentos fueron:

6.1. Cuando vivía en Montevideo, antes de irme a vivir a Rumania en el 2012. Me pasé unos tres o cuatro años fumando religiosamente cada noche luego del trabajo, los fines de semana a toda hora y, a lo último, por las mañanas yendo a la parada del bus hacia mi antiguo trabajo.

6.2. En México, viviendo en San Cristóbal y luego de que un amor de viajes me dejara todo roto. Pasé dos meses fumado full time: desde que me despertaba hasta que me dormía.

7. Estoy todo lleno de azúcar por el pomelo. Al parecer es todo una mentira eso de que corta la dulzura.

8. Me estoy subiendo al bus como puedo, en este estado, todo fumado y con toda esta torpeza potenciada.

9. El chófer me cobra el pasaje. “Hay nuevo horario de buses” me dice. “Llevá, dale. Llevate uno” me insiste. “No. No. Gracias. Ya tengo” le contesto. Parece preocuparle en serio que yo no tenga el papel con el nuevo horario. No entiendo el por qué. Será cosa de pueblo.

10. Mierda carajo, hacía meses que no fumaba.

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CoffeeShop, Amsterdam.

11. Sube el negro que vende hace veinticinco años en la terminal (Nota: mientras transcribo esto en la computadora le pregunto a mi madre cómo se llama el negro de la terminal y no sabe, no se acuerda. Ella hace siglos que viaja, lo ve todos los días, hasta se hacen bromas sobre Nacional y el fútbol uruguayo ¿cómo es posible hablar con alguien por veinticinco años y no saberse el nombre?) (otra Nota: “negro” no hace alusión racista. Yo sé que es más políticamente correcto decir ‘afrodescendiente’, pero a efectos narrativos no suena muy lindo).

12. Está vendiendo ticholos y wafles de chocolate, iguales a los que vende desde sus inicios. Su speech siempre comienza con un “estoy entregando, los exquisitos y deliciosos…” como hace veinticinco años. Sigue igual que aquella época: las mismas arrugas, los mismos huecos donde deberían haber dientes, la misma campera de cuero negra y el mismo canastito azul donde pone la mercadería. Tengo la firme convicción de que el mundo colapsará en un holocausto zombie y el seguirá allí.

13. Me quedo mirando a la gente pero en realidad no la estoy mirando. Pienso sin ver nada en concreto. No debería haberme fumado ese porro.

14. En realidad estoy pensando en las adicciones y la única que en realidad me gusta en serio es la de viajar, si es que se puede categorizar como una adicción.

15. A la vez pienso en el cigarro y mi relación parca con el tabaco. Es como esa novia que tenés y que cogen porque sí ¿Sabés a qué me refiero, no? Esas relaciones de años que seguís por mera costumbre. Con el cigarro es más o menos lo mismo: una relación de años en la que a veces fumo porque sí. Puedo pasar tres meses o tres años sin hacerlo y no me cambia mucho la vida.

16. Esto podría ser un post que se llame “X confesiones sobre mis adicciones (o pensamientos arriba de un bus)” (la “X” es porque no sé cuántas confesiones serán al final)

17. Tengo que dejar de abusar de los paréntesis.

18. Tengo que dejar de escribir con la lógica de publicar.

19. Sigo pensando en mis adicciones.

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Esta foto cumple la misma función que la anterior.
También para que veas que las librerías y la lectura es una de mis adicciones predilectas.
Foto tomada por N.

20. El alcohol creo que cumplió su rol en mi adolescencia. Porque en el pueblo era lo que hacíamos un sábado a la noche. No habían cosas interesantes para hacer. No había ni porro ni merca ni nada a mano. Ni siquiera un cine o teatro. Salvo cuando abrió un video club y alquilábamos de a tres películas para ver en una noche. Eso si fue adictivo.

21. Nunca tomé merca (o, mejor dicho, cocaína). Aunque creo que no iría conmigo, me preocupa que me guste.

22. Volviendo al alcohol, en aquella época era lo que me servía de combustible para encarar mujeres.

23. De todas maneras, siempre fui un looser. Me daba miedo el rechazo que yo creía inminente. Siempre terminé acostándome solo los sábados de madrugada. Mataba la frustración tocándome.

24. De esa adicción no se vuelve.

25. De la masturbación te hablo. De esa no se vuelve. Siempre uno se va a seguir tocando (podrás notar como cambio la voz de primer a tercera persona. Eso es culpa. La fucking culpa).

26. Hablando de cosas de pueblo: pagué para debutar. Era lo que se hacía en aquel momento a los catorce, quince o dieciséis.

27. Yo tenía dieciocho, casi diecinueve.

28. El bus sigue andando mientras pienso en estas cosas. Me aburro. Abro un libro. “La hora 25” se llama y es de un autor rumano. Es demasiado oscuro para leerlo y combina mal con mis frustrantes recuerdos de la adolescencia.

29. Entro a internet para no pensar.

30. Pero sigo pensando.

31. Me cuesta hacerme responsable. Pero no porque sea irresponsable de mis cosas.

32. No.

33. Me cuesta hacerme cargo de lo que he aprendido y capitalizarlo. Convertirlo en un sueldo. No me siento merecedor. Me asusta. Prefiero jugar al impostor y creerme que soy un fiasco.

34. Me dan ganas de tomar lo que queda del pomelo. Lo tomo. Es una porquería: sin efervescencia, todo dulce y caliente.

35. Tendría que haber comprado agua.

36. Le pego por tercera vez un rodillazo a la mujer del asiento de adelante. Sigo con esta torpeza. Aún el efecto del fucking porro sigue en mi cabeza.

37. Yo y mis frágiles adicciones.

38. Se me acaba de sentar un tipo muy grueso al lado. Se subió con el termo y el mate abajo del sobaco. Puta madre, eso si que es uruguayez.

39. El uruguayo y su adicción al mate.

40. El tipo me pecha, extiende sus brazos para cebar mate y me encaja el codo en la yugular ¡Se van a cagar vos y toda tu puta uruguayez! 

41. ¿Qué carajo hago acá? ¿Qué mierda hago en este país? ¿Por qué volví a fumar un porro luego de meses y meses de no hacerlo?

42. Me da hambre. Estoy en la etapa del bajón.

43. ¿Por qué no se sube nadie a vender wafles de chocolate? Le tendría que haber comprado al negro de la terminal.

Nota final: en esta parte, el bus pareció agarrar muchos pozos porque no me entiendo la letra escrita en mi libreta.

Eso o el porro me dejó un mal motriz que hacía imposible coordinar la traducción de mis pensamientos al papel.

Eso o ya es hora de terminar estas confesiones.

Me hubiese gustado rematar con un final más astuto, de esos capicúa al estilo Casciari que cierra perfecto con algo que sea una referencia intertextual de algún pasaje de este post. Pero no. Las cuestiones de adicciones y vicios nunca se han caracterizado por ser tan inteligentes.

One thought on “43 CONFESIONES SOBRE MIS ADICCIONES

  1. Interesante tu confesión. No considero que tengo adicciones ya que no me gusta el alcohol, este me remite a mi niñez a un padre bebedor y golpeador, al igual el cigarrillo el olor nauseabundo me da asco.
    han intentado un par de veces convencerme de que fume un porro y fué contundente la respuesta, no , no me insistas respeta mi decisión. No se si será adicción o pasión creo mejor dicho preocupación por los temas ambientales, en todas sus variantes, por eso leo mucho todo lo nuevo en noticias sobre desmontes , incendios, desertificación, clima manipulado por chemtrails o haarp, OMG, Estos temas sobrepasaron mi preocupación durante mis vacaciones en San Luis casi a mediados de enero, que de disfrutar o contemplar no hice tiempo, todo fué acelerado, llegar a los centros turisticos , pedir el mapa de la zona para ver donde estaba parada y visitar por cumplir o para la foto. Por dentro estaba enojada ya que me informaba de los incendios del país y de Chile. Esto hizo que decidiera volver, No encontré una motivación que me alegrara mi estadía en esa provincia. Mi mente estaba en otra sintonía.

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