EL HOGAR EN TIEMPOS DE VIAJE (y una Oda a Italia)

EL HOGAR EN TIEMPOS DE VIAJE (y una Oda a Italia)

Agosto, 2015
 

Estoy en Italia. El mediterráneo bordea a mi derecha y el horizonte es azul fuego. El ronroneo del tren me hace pensar.

¿Cuál es mi próximo hogar? 

¿Hasta dónde voy a llegar?

¿Sobre qué nuevos destinos sanarán mis heridas? 

¿Dónde voy a construir mis nuevos miedos? 

Este tren transporta algo de mi que se ha hecho ruta. Creo que es hora de frenar. 

Porque siento que cada día es un volver a empezar sobre estos pasos desaprendidos.  

Me están dejando vulnerable. Es una pelea constante que tengo entre la falta de energías y mi pasión por viajar. 

Tengo miedos. Algunos están superados pero hay otros que van creciendo.

Si viajar es la construcción permanente de nuevos mundos ¿cómo no vamos a construir nuevos miedos en el proceso? 

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Vista desde el tren a Génova

Ya no siento ese estado de elevación del viaje. Esa frecuencia en la que entro cuando no sé si han pasado  semanas o meses. Cuando los husos horarios e idiomas se multiplican. Cuando es mucha la ruta y el cometido es moverme, moverme y moverme.

Entro en un “flow” (si, soy re cool poniendo nombres en inglés). 

El ritmo en el que me muevo no sé si lo marco yo o todos los hechos que me van sucediendo mientras camino. Todo va encajando pieza por pieza. Me para el auto justo que me tiene que parar, me encuentro a la persona que me tengo que encontrar. Todos los engranajes del Universo giran a la perfección.

Este “flow” es la sincronía del viaje en estado más puro. 

Pero este cansancio hace que lo pierda. Ya no sé por qué viajo. 

Me cansa. La mochila me pesa

Armar. Desarmar. Decir: “hola”, “soy Nicolás”, “adiós”. 

Perder quién soy en el mapa

Necesito frenar. Solo quiero llegar a esos brazos que aún no conozco pero sé a qué saben. 

Saben a hogar. 

Y es el hogar lo que me hará descansar.

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Sori, Italia


El tren sigue bordeando el mediterráneo. Tiene gusto a Italia. Justo lo que necesito.

Italia tiene ese sabor a comida casera.

¿Cuántas veces comiste esa pasta envasada al vacío y cuántas veces pasta amasada por tu madre o ese novio crack que te cocina? Decime ¿qué preferís? ¿Eh? 

Lo casero tiene ese “qué sé yo” que te atrae, siempre. 

(Disculpame, no se cómo definir ese “qué sé yo”)

Hay muchos paisajes como este país en el mundo, comidas riquísimas en todo el planeta, incluso hay millones de buenos cafés en otros lugares. Pero Italia tiene ese poder magnético que le da otro sabor.

Es una mezcla de la belleza y lo bizarro. Locura y poesía. Tiene pasión en su arquitectura, intensidad en las conversaciones y rock and roll en las calles. Es un país atorrante, cabaretero y trasnochado. De buen tomar. Simpático y duro, cruel. 

No hay forma de no amar sus defectos. 

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Milán un domingo cualquiera

En Italia todo está sucediendo en el mismo instante: 

El auto que cruza, la bocina que frena, el peatón que se mezcla en el cruce, el veterano del puesto de flores de la esquina mirando y gritándole al de la panadería. La señora que le protesta al cajero de esa panadería que le está cobrando dos centavos de euro de más. Mientras en la oficinita que tiene el dueño llega un fax anunciando el recibo de la queja que le hicieron a la telefonía móvil que cortó el servicio de internet en la mañana y ha tenido a más de media cuadra desconectada sin que nadie supiese a qué teléfono llamar hasta que el ayudante del panadero encontró un número de fax en esa página web que tuvieron que apretar F5 unas dieciocho veces para que cargara toda la información.

(Ya podés respirar)

Italia, mi hogar por unos meses para poder reconectar con el sentido, los viajes y la sincronía.

El hogar, ese lugar que puede estar en constante transformación pero no es más que aquello en lo que te sentís reflejado: sea en una casa de la costa de Sicilia, en el novio crack ese que te cocina o en el ronroneo de un tren en una ruta cualquiera.

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2 thoughts on “EL HOGAR EN TIEMPOS DE VIAJE (y una Oda a Italia)

  1. Italia es el lugar al vuelvo en cada viaje. Vaya adonde vaya siempre Italia me abraza y me despide. Es el lugar donde me siento alojada. En esas plazas puedo bailar imaginariamente. En sus rincones me encuentro con mis héroes, aquellos que marcaron mi vida literaria, histórica, artistica. Puedo sentarme horas a mirar la nada y a sentir, solo a sentir.

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