CARTAS A MI REGRESO #I El Yo del cambio

CARTAS A MI REGRESO #I El Yo del cambio

Vos me sabrás disculpar, pero solo se me ocurrió el título para escribirle a mi regreso. Escribo estas cartas sin un orden cronológico. Ni siquiera con un plan. Solo dejo que el músculo de mi escritura fluya sobre este teclado.

Te quiero contar sobre mi retorno. Aunque esta palabra me suena traicionera, porque siento que no estoy regresando a un lugar. Así que no sé muy bien que escribirte. Puede ser que estas sean cartas que poco hablen de un retorno. O puede ser que sí. No lo sé.

Lo único que sé, es que en este momento mi cocina huele a café recién preparado. Un aroma que puede llegar a funcionar como banda sonora de mi viaje.

¿Qué raro, no? Que el sonido sea un aroma.
¿Te pusiste a pensar? Un sentido jugando a ser otro.

Y en este viaje los sentidos han estado tan mezclados que no puedo asociar sonidos con lugares ni aromas con texturas.

Un mercado en Bosnia que huele calle de Costa Rica.

La ruta en Kosovo que se ve como una carretera perdida en México.

Mis manos sobre un cuerpo olvidado.

Conversaciones en idiomas que nunca aprendí.

Los sentidos son tan intemporales que los días se me entreveran. Apenas asocio situaciones con rostros o emociones con diálogos.
¿Cuánto tiempo pasó desde la vez que me fui? ¿Cuántas veces me he ido?
¿Es acaso mi tiempo igual al de los demás?
¿Qué pasa cuando el lunes es lo mismo que un sábado por muchos lunes de tu vida?

Siento que el tiempo ha pasado sin que el reloj haya tenido algo que ver. Mi sentir ha funcionado de faro, ha sido ese tic tac que me ha llevado a saborear la libertad arriba de alguna pickup en las carreteras de Honduras, a descubrirme alguna cana en un recital en la campiña de Francia o sanar el corazón a los pies de un volcán en Guatemala.

Hoy estos dedos en mi teclado son recuerdo de alguna noche de lluvia en la jungla de Panamá o el alta mar de aquellos cargueros en el caribe de Nicaragua.

Estas dudas que antes fueron certezas, son las que me han hecho caminar por montañas en Macedonia o en playas de El Salvador.

Ayer quería vagabundear el mundo, dormir en los bosques y que la sincronía de la ruta me provea. Hoy quiero tener muchas casas frente al mar y disfrutar de trabajar entre siestas y abrazos.

El tiempo de este viaje ha sido más ancho que el tiempo calendario, eso lo sé.

Siento haber vivido muchas vidas en un solo mapa ¿O habrán sido muchos mapas en una sola vida? ¿Cuál es la diferencia?

Aquel Yo que salió (¿hace cuánto? ¿3 años? ¿20 meses? ¿5 días?) lo dejé atrás hace mucho tiempo. Igual que la piel de la serpiente cuando queda olvidada en algún punto de su camino.

Algún sabio dijo alguna vez que el camino más difícil es el camino de vuelta, porque es a la vez imposible. Por eso, tenés que saber, que este retorno no es un retorno. Porque aquel Yo que se fue nunca va a volver, ya dejó de existir hace muchos mapas atrás.

Siento que estoy yendo por primera vez, con esta nueva piel que me toca cargar y todos estos pasos que tengo para dar.

Cuando me veas llegar no te asustes y no busques a ese que conociste. Abrazá a este Yo del cambio, a este otro yo que vuelve para reencontrarse con eso que nunca ha conocido.

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