DESBLOQUEAR AL NIÑO DE MI ESCRITURA

DESBLOQUEAR AL NIÑO DE MI ESCRITURA

El aleteo de esa mariposa me despertó. 
Luego el Tsunami.
Más tarde, todo se convirtió en mundo paralelo. 
Sobre mi cama había un regalo: “El camino del artista” de Julia Cameron
 

Recuerdo cuando tenía ocho o nueve años que la escritura era compañera fiel de mi niñez. El momento en que me sentía más libre y sin ese sabor a coerción que ya de por sí tiene la Escuela, era cuando nos mandaban a redactar cuentos. Más allá de que el tema fuese “Cómo fue el fin de semana con mi familia” yo era capaz de poner en una misma historia los ravioles de mi tía con alienígenas destruyendo el estadio de fútbol del partido de los domingos. Disfrutaba sentarme y crear mundos de fantasía, viajes en el tiempo o naves espaciales piloteadas por algún dinosaurio llamado Roberto Kirk. (1)

En esta cruzada de escritura infantil no estaba solo. Tres o cuatro amigos también eran cómplices de estos mundos literarios y gracias a nuestro inconformismo con el sistema educativo, que nos hacía aprender mucho más matemática que el noble arte de escribir, decidimos fundar un Club de Cuentos.

Esta asociación no tenía mucha complejidad: simplemente consistía en un cuaderno que semana a semana íbamos rotando. Cada uno escribía un cuento y cuando lo terminaba, se lo pasaba a otro miembro para que escribiese otra historia.

Era una actividad, por decirlo de alguna manera, extra curricular. No había sido iniciativa de la maestra, ni de padres ni vendedores de editoriales buscando nuevos talentos. Fue una idea que surgió desde el interior de nuestro grupo.
Niños haciendo arte por iniciativa propia, sosteniendo un sistema colaborativo de creación.

Siempre digo que aquel tiempo fue el de mayor creación literaria de mi vida hasta que comencé a viajar.Pero algo pasó en el medio. No sé si fue la llegada del Nintendo, la pubertad, el bullying adolescente o el deber ser de mi primera juventud. Lo cierto es que perdí la pluma y mis alas para escribir.

La Creatividad como juego. La vida como un parque donde el divertirse es el ojetivo.

Lentamente, tras el paso por la Facultad, comencé a ejercitar mi músculo literario otra vez. Aún así, podía pasar meses sin escribir. Sentía que quería, pero no podía. Aquella sensación de sentarme y que no se me bajara una idea era recurrente. Era el bloqueo, ese monstruo gigante que nos genera tanto horror.
Ese miedo lo convertía en falta de sentido a la escritura.

“Esto es una porquería” me decía “¿para qué escribís? Eso no te va a dar de comer” “¿Qué te hacés el Cortázar? imitación china de Paulo Coelho” (ese era el que más dolía; si ya tenemos suficiente con el Coelho original, imaginate su imitación china!).

El bloqueo no dejaba fluir a mi escritura porque yo me ponía en el medio. Descubrí, que ese bloqueo era Yo.
Yo me construía esa hoja en blanco, porque la parte censuradora de mi cerebro (mi Yo Censor) comentaba cada frase que escribía. Siempre, cada palabra, era seguida por un juicio negativo a mi Yo Escritor.  

“Acumula páginas y no juicios sobre ti mismo”, dice Julia Cameron, en clara alusión a ese comentarista con tintes de Gestapo que nos formamos en la cabeza. También dice: “me asombra haber sido capaz de abandonar el drama de ser una artista sufriente. No hay agonía más dura que la de una mala idea” Así, todo aquello que yo escribía lo consideraba una mala idea y lo ponía a dormir bajo la cruz de mis derrotas, en un archivo oculto de mi disco C:

“Como artistas bloqueados siempre solemos criticarnos de manera despiadada” y esa critica siempre es sin filtro. Allí no hay bloqueo alguno, nos convertimos en artistas del autoflagelo y la inmolación.

¿A vos no te pasa algo parecido?
Cuando convertí mi vida en viaje, la escritura tomó nuevamente relevancia. Al principio como un registro necesario en mi proceso de cambio; al final, como núcleo indisoluble de mi. Otra vez recuperaba mi pluma y con ella, mis alas.

Pero siempre me quedó esa pregunta ¿cómo fue que pude rescatar a ese niño escritor? ¿cómo es que otra vez, ese niño artista volvió a mi?La respuesta llegó cuando comencé a leer “El camino del Artista”. Allí me encontré con un concepto tan potente como revelador: Alimentar el manantial artístico.

¿Qué es el manantial artístico? Julia Cameron dice que “el arte es un sistema que se nutre de imágenes. Para crear recurrimos a nuestro manantial interior, que es como nuestro estanque artístico […] El pozo de ese manantial se mantiene lleno teniendo activada la curiosidad, cuando estás más concentrado en el misterio que en la maestría.”

Cuando salí a viajar pude traer nuevamente a ese niño curioso que le encantaba jugar a inventar mundos. Cuanto más conocía, más curiosidad me despertaba. Más me concentraba en el misterio de eso desconocido que tenía por delante. Sin saberlo, mi pozo artístico se nutría de nuevas imágenes.

Por eso, viajar y escribir se retroalimentan porque “la escritura te permite la ilusión de abrir una puerta detrás de la cual hay otra puerta, y las puertas no acaban nunca”. Viajar hizo que pueda reconocer esos mundos que habitan detrás del mundo aparente y pueda recolectar esas historias que se suceden infinitamente. Comencé a usar la atención y ser un observador. Mi sensibilidad se afinó y nutrí mi mente de nuevas experiencias.

– ¿Qué vergüenza a la exposición iba a sentir con mi escritura si me he expuesto a la soledad de la ruta y la oscuridad de alguna gran ciudad?

– ¿Qué miedo iba a darme escribir sobre el fracaso de un amor si ya había perdido el miedo a enamorarme?

– ¿Por qué me iba a censurar a escribir sobre el peso de la mochila si con ella había salido a viajar sin rumbo en países llenos de selvas, idiomas extraños o pandillas callejeras?

– ¿Qué miedo voy a tener a la página en blanco si la vida de viaje me ha enfrentado a rostros y lugares desconocidos? (2)

Convertirme en escritor nómada hizo que pudiera asesinar a sangre fría a ese Yo Censor y rescatar aquel niño artista, explorador de cuentos, fantasías y palabras.

Como el niño que se asombra por el comportamiento de un insecto o los colores de una flor, aprendí a mirar eso que estoy viendo porque comencé a despertar con ojos nuevos cada mañana.

La observación dejó de ser rutinaria, “así, te darás cuenta que casi todo es distinto cada vez”, dice Julia Cameron.

Aprendí que viajar hace que formes muchas voces, tantas cuantas estés dispuesto a escuchar. 

Aprendés a mirar lo mismo desde diferentes puntos de vista.

Eso, escúchame bien, es creación.
Eso, es Arte.
Aprendí, en definitiva, que Viajar es un hecho artístico.

(1) Para aquellos que son medios nerd, como yo, sabrán comprender por qué “Kirk” de apellido.
(2) Michael Jackson, “The other shore” (no, no es el Michael que todos conocemos, es otro. Un poeta y escritor neozelandés)

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