EUROPA, OTRA VEZ

EUROPA, OTRA VEZ

Europa, otra vez.

Volver a un continente que se me vuelve fascinante. Mucha diversidad en tan pocos kilómetros. Tanto relato hegemónico viviendo en su legado escrito en piedras, espadas, sangre, muertes, arte y cultura. 

Europa, otra vez. 

Arrastra la nostalgia de haber sido y esa ilusión de creer ser. El centro del mundo ya no es Londres, París no es la ciudad que ilumina el planeta ni Roma dicta ya los diez mandamientos. Hace décadas cayó aquella cortina de humo que separaba al mundo en dos demonios. No se ven más aquellos intelectuales en las marchas ni la esperanza del cambio de realidad. 

Hoy la dominan tecnicistas con discursos inentendibles, queriéndola homogeneizar con la moneda y las fronteras. Pisoteando con planes de rescates las democracias de sus países. Persiguiendo y deportando a personas de continentes que alguna vez conquistaron y saquearon. 

Barcelona
Crucificado con alambre

Pero amo Europa, la verdad sea dicha. 

Todo bien con Latinoamérica, me encanta y toda la cuestión de mi tierra y la pachamama y las selvas y los indígenas y las playas y los hermanos de sangre y el dengue y la chinkunguya y los volcanes y todo lo demás. En serio, todo bien. Pero Europa posee un gen que tiene que ver mucho con mi sangre y la cultura en la que crecí. 

Estar aquí es más una búsqueda de registro de vida que un camino de redescubrimiento. Es entender de donde provengo. Es llenar significados hasta ahora vacíos. 

 
Pueblo del sur de Francia cuyo nombre no recuerdo
Palacio de las conchas; Salamanca, Spain (lo pongo en ingles porque este teclado no tiene enie) (ni tilde)
Por contradictorio que parezca, a mi me suena mucho a una cruz comunista
Francia, pueblo cerca de Toulouse

Yo no soy hijo de las culturas del maíz ni de los esclavos traídos del África. 

Aún así, mi descendencia es lejana: soy la quinta o sexta generación en el árbol genealógico de mi familia nacida en España e Italia. Ya ha quedado en el olvido el nombre del abuelo de mi bisabuelo que llegó en algún barco a vapor, escapado de una Europa hambreada e injusta. No obstante, hay algo en mi información que me acerca más a un pan con queso y jamón que una tortilla con frijoles y chiles; por decirlo mal y pronto. Las dos cosas me encantan, pero lo primero habla más de mis ancestros que lo segundo.

Por eso, la vuelta a este continente es en cierta manera volver a una casa que nunca ha sido mía pero en la que me reconozco. 

Atrás quedó un viaje de quince meses por México y Centroamérica; donde me he redefinido y sabido caminar con otros pies.  Adelante está este nuevo viaje. 

Una nueva vida. Porque el viajar te hace mudar de piel y desprenderte de aquello que alguna vez te acostumbraste. Desaprender lo aprendido y mutar en vos mismo. Ser otro.

La barcelonidad
Queso.
Ay! el queso!!
El mejor pan del mundo se hace en Toulouse

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