EXTRAÑAR EN TIEMPOS DE VIAJE

EXTRAÑAR EN TIEMPOS DE VIAJE

Hay veces que extraño levantarme un domingo, preparar un mate, escuchar folklore, mirar algún partido de fútbol de esos que me aburren a los cinco minutos. Salir al patio, mirar el cielo que anda medio sospechoso y hablar con el vecino del clima, maldecir a dúo a los perros que roban la basura o de que el foco de luz de la esquina hace un mes que no funciona.

Entrar y comenzar a preparar la pasta del domingo. Ir a la feria con mate en mano. Comprar alguna verdura. Preguntar por alguna ropa barata que nunca termino comprando.

Cosas cotidianas que uno hace cuando está en su hogar.

¿El hogar?¿qué significa eso para mí?  

¿Cómo puedo reconfigurar su significado para mi vida nómada?

(Nota aclaratoria: las fotos no tienen mucho que ver con el texto. Cumplen una función decorativa y para que usted no se me aburra de este texto un poquito largo)

el hogar en tiempos de viaje

De lo poco que he aprendido viajando es que el hogar es algo que puede ser muy subjetivo.

He podido trascender el concepto de “hogar/casa”. Me he dado cuenta que un hogar puede ser algo más que cuatro paredes. Mi crianza de familia industrial, con sus patrones culturales definidos y bien marcados, me estructuraron a concebir  a La Casa como Hogar. Porque desde pequeño, la sociedad te cría con la máxima de que “lo primero que nos debemos de procurar es la casa, porque todos necesitamos un hogar”.

Esta noción, tan atada al espacio físico y territorial, la tuve que erradicar de mi. Porque es muy cierto que todos necesitamos un hogar, una forma de reconocernos. Pero no es cierto que necesitamos una casa para ello.

El hogar puede ser todo aquello en que nos reconozcamos.

el hogar en tiempos de viaje

El hogar puede ser algo inmaterial, puede ser un estado de conciencia. Algo que está dentro de nosotros y que lo configuramos desde nuestro interior.

¿Muy abstracto?

Piense.

Le propongo un ejercicio:

Le invito a cerrar los ojos y pensar en esa persona que usted ama (o que supo amar).

¿Recuerda?

Visualice su momento más feliz con esa persona. Haya sido donde haya sido, no importa que tipo de situación. Simplemente un momento feliz al lado de alguien.

Ahora conecte esa sensación con usted ¿Recuerda esa sensación? ¿De qué es? ¿Seguridad? ¿Complicidad? ¿Completitud? ¿Mariposas en la panza? ¿Risas? ¿Aromas?

Eso que haya sentido, compañero lector y compañera lectora, es hogar.

Sentirse en el confort de una mirada, en la complicidad de un momento o del asalto de una sonrisa, es sentirse en casa.  

el hogar en tiempos de viaje

Cuándo estoy en “modo on” viajero, podría decir que la Ruta es mi hogar. Podría pensar que viajando al costado de ella es donde me siento en casa. Que ese rincón de banquina es mi espacio donde mi Yo se refleja, se reconoce y se siente seguro.

Podría decir que el impulso de libertad en mis venas vuela al ritmo de un paisaje perdido en una carretera en Guatemala, un tren en Serbia o un metro en París.

Podría decirle que el movimiento es mi zona de confort y que en ella he encontrado momentos plenos de felicidad.

Sí, podría cantarle a usted todas esas cosas tan bonitas e inmaculadas; hasta daría la impresión que solo ahí es posible un hogar.

Pero  no. Hay cosas que a veces no son suficientes. Siempre hay cosas que faltan.

Esa parte que encuentro vacía, es todo aquello que alguna vez extraño. Ese mate en la feria, el vecino y el clima, o la sonrisa cómplice de algún amor.

el hogar en tiempos de viaje

Es con esta sensación, que como viajero en “modo on”, debo convivir. Por eso, de vez en cuando enciendo mi “modo standby”. Busco paradas donde pueda volver a apropiarme de cotidianeidades tan simples como la de tender la cama, ir al cine un miércoles a las seis de la tarde, o dejar el shampoo colgado en la rejilla del duchero.

Cosas sin importancia que son muy importantes para reconocer signos de cotidianeidad.

Si, ya sé. El viajar, moverse, dormir dos días en un lado, tres en otro, la carpa en la gasolinera, el dedo en la ruta, el baño con toallas húmedas y las noches en los bosques son también cuestiones que se pueden llegar a convertir en cotidianeidad.

Eso es tan cierto como el que uno puede vivir con muchos tipos de cotidianeidades.

¿Qué? ¿Cómo “varios tipos de cotidianeidades”?

Sí, varios.

Eso pasa cuando juego a ser y hacer muchas cosas. Porque todo lo que hago lo hago en el sentido más lúdico posible. El viajar me ha posibilitado aprender a vivir muchos tipos de vida y adaptarme a diferentes circunstancias. Cada circunstancia trae una cotidianeidad diferente.

Porque cuando viajo me siento a merced del destino, bordeando las fronteras de vastos y diversos mundos que giran sobre realidades dispares, opuestas, oblicuas. 

el hogar en tiempos de viaje

El estar propenso a un cambio constante de cotidianeidades, es poner tu mente en estado líquido.

¿Estado líquido?

Quiero decir que es tanto el cambio que vivimos de un día al otro, de una a hora a otra, que debemos ser permeables a jugar con nuestras estructuras y saber moldear la forma que tenemos de pensar el mundo. Hoy estás quedándote en un Hotel “All inlcusive”, mañana en una carpa en el medio de la nada. Ayer estabas alojado con una familia que te hacían hasta el desayuno, hoy tenes que recurrir al pan con tomate. Hoy estas haciendo un libro, ayer vendiste ropa con gitanos y mañana estarás atendiendo la barra de algún bar. Dormiste en el calor, te sorprendió la nieve, te mojaste con lluvia tropical. Con amigos, con novias, abajo de árboles, al lado de las cabras de un circo, en una casa adentro de un jardín real o en la hamaca de una isla del caribe.

La vida de viaje te cambia en cada instante, es imposible que no te cambie a vos. 

Pero entre todas esas movilidades, redefiniciones y países, siempre se esconde el extrañar como aquello que fue parte de tu cotidianeidad en algún momento. Siempre se va a extrañar esa casa donde creciste, esa ciudad del mundo que respiraste como propia o ese océano que te sirvió de prosa para un amor de paso. Porque la cotidianeidad no es más que el hogar y el hogar es lo que nos funciona como reflejo.  

Mi extrañar en tiempos de viaje funciona como motor de movimiento, porque mientras hayan ganas del retorno siempre habrá seguridad de un futuro reencuentro.

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