ESO QUE LLAMAN LIBERTAD

ESO QUE LLAMAN LIBERTAD

Cuando comencé a viajar lo hice por muchos motivos. Uno de ellos, de los más importantes, tiene que ver con el sentido de Libertad. Hasta hace un tiempo me he dado cuenta que viajando puedo ir a donde quiera. He llegado a la conclusión de que nada me ata.
Me he visto ante la certeza de que mi movimiento es libertad.
Pero ya viajado, y sabedor que en la ruta se encuentra la felicidad, he llegado a la conclusión de que soy Yo mi  único límite.
La verdadera libertad está en mi mente.
Cuando comprendí que mis decisiones tienen como brújula mi sentir y de base a mi convencimiento, gané en Libertad. Me di cuenta que parado en mis certezas no hay lugar para el arrepentimiento ni la cruz que supone la culpa. Y supe también que, aún parado en las mejores decisiones, se cometen errores. Es normal. Es necesario. Se pueden tomar buenas decisiones aún errándole.
Cuando hablo de certezas no las elevo al Olimpo de la necedad o la soberbia. No.
He descubierto que mi centro se permite mover y fluctuar en extremos. Naufragar ante el replanteo de todo eso que siento.
He aprendido a perderme, a nadar en mis pantanos. He visto que cuando camino en mis sombras  y dudas, crezco. Porque sé cuál es mi centro al final del día.
Puedo perderme en mi camino porque lo conozco.
Por eso ante esta certeza sé que puedo hacer todo.
Que todo lo merezco.
Saberme, desconocerme. Me permito dudar.
No me asusta tener miedo.
Y mira que lo tengo, ni te haces una idea. Hay veces que me pregunto qué estoy haciendo acá y hay ocasiones que me preocupa el futuro.
Pero el miedo es normal. Nací en una sociedad del miedo. Y, todos sabemos, que eso siempre es el antídoto perfecto  para un mundo que quiere ser libre.
El no paralizarme frente al miedo me redefinió como Ser.
 
Hoy sé que debo reventar. Expandirme.
Ser mi luz en mi propia oscuridad.
Hoy mi escritura debe destruirse, ser liviana, libre.
Plena. 
Como el amor o el deseo de tu compañía.
Lo que escribo es mi Yo desmaterializado.
Diluido en letras que buscan una voz, una sustancia.
Tanto estudiar semiótica para darme cuenta que este Yo no es más que un buscador inconformista de significados.
Gracias a vos me expando y me suelto.
Libero mis rutas y veo en mí la más desnuda libertad.
Sé que no me importan los estándares de excelencias cuando escribo, ni que sea bueno o malo haciéndolo.
Mi éxito en la escritura es poder reflejarme en ella, que me sirva de espejo. Porque lo hago con mi sangre, con mis pulmones, mis tripas y mis huesos.
Desde ese átomo básico de existencia.

Escribo para mi liberación.

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