SOBRE LA REFUTACIÓN DE ALGUNAS VERDADES

SOBRE LA REFUTACIÓN DE ALGUNAS VERDADES

Hola. Nuevamente me presento: Eduardo Jórge Lopez, mi nombre. Por azares de la vida me encontré viajando con el escritor de este blog. Ya hace unos meses que estamos compartiendo ruta. Con mis años ya no me quedan ganas de viajar, he visto ya todo en la vida. No me queda mucho más por conocer que me interese. Veo a este compañero de viaje y me recuerda a mí en la juventud: con sus grises pero aun con la esperanza intacta. Lo que él no sabe, es que la vida te va enseñando que siempre todo será gris y la única esperanza es la que te da la resignación.

Hace unos días había escrito algo para este blog y me quedé leyéndolo un poco. No es que lo lea con frecuencia, ya que además de aburrirme me parece extremadamente infantil. Pero no tenía nada más interesante que hacer. Llegué a una entrada que hablaba sobre el amar en tiempos de viajes. Me enterneció, debo decirlo. Solo dos segundos. Luego comencé a reir. No podía parar de hacerlo. “Pobre muchacho, no sabe nada de la vida” me decía y me reía.

He comenzado a viajar hace décadas y he pasado por muchos desamores que no hacen más que confirmar la regla que dicen que enamorarse es una grave error. Recuerdo cuándo a fines de los setenta me fui para el sudeste asiático, época en que aún no existía este turismo gringo que va en busca de putas, fiestas y alcohol. Estuve viajando por allí mucho tiempo, cuándo la juventud  creía que derrotaba todo obstáculo. Llegué hacía cierto pueblo y me instalé. Creí que había descubierto el paraíso con aquella filipina o indonesia (no recuerdo muy bien) y sus exóticas costumbres. Ah! Si!!! Estaba enamorado, eso creía. Aun no recuerdo muy bien por qué terminamos, pero si recuerdo el dolor que dejó su ausencia y el saberme vacío por las mañanas.
O aquella morocha generosa de principios de los ochenta, cuando el auge de las playas griegas estaba en su curva más alta. Por supuesto que yo veía pasar toda esa riqueza, apenas si podía tener un cuarto lleno de pulgas, pero nada importaba con tal de estar empiernado al calor del mar. Ahí si tenía la certeza de que mi vida cambiaría por aquella criolla de voz melódica; yo sabía que en mi precaria capacidad de amar, ella sería una buena excusa como para dar todo lo que tenía para dar. Pero el mar y la noche se llevaron todo lo que le entregué, dejándome naufragado y perdido, una vez más.
¿Cuántas derrotas iban ya? Tuve que resignarme frente al fracaso, perfeccionando el arte de la derrota con cada historia que pasaba.
Frase típica que todo el mundo repite y nadie lleva a cabo (como debe de ser)
Siempre se va a tener la sensación de que uno necesita a otra persona, porque eso nos define y nos hace olvidar otra regla general de la vida: la soledad es la que domina todo. Por eso, siempre estamos buscando un par, para evitar eso tan implícito que es la eterna soledad del ser. Está bien no saberlo, está bien crearse otros conceptos. Pero la verdad es otra, estúpido e iluso lector.
Se lo digo a usted y, sobre todo, al escritor de este blog que tan perdido en conceptos anda: el amor de viaje nunca será alegría, porque lo que le quedará es el recuerdo de una parte de su vida en que se creyó feliz, y todos sabemos, que la felicidad no es más que el efímero olvido de la tragedia esencial de la vida, al decir de Alejandro Dolina. Ese estallido que da el amor de viaje, por contrario que se haya escrito anteriormente, siempre es una ilusión. Uno se enamora de algo que no existe, solo como excusa de definirse “feliz”.
Así, en estos más de cuarenta años de viajes, he aprendido que nunca se debe confiar en lo que uno sienta por una persona totalmente desconocida (y conocida, mucho más). Se lo aclaro, no confíe en alguien que sea capaz de amar de manera muy intensa. La vida es mucho más fácil cuándo no se le entrega mucho, cuándo no se hacen las cosas con mucha pasión. Usted no se decepcionará tanto porque sus expectativas serán casi nulas, perdidas en esa bisectriz que da un camino sin extremos. Si  usted poco dá, poco recibirá; y así es mejor, porque seguro que si da mucho, la vida no le retribuirá de la misma manera. Quédese quieto en su cabeza, no demuestre, no sienta, no se abra ante la gente y de esa manera nunca será traicionado.
Pero si usted prefiere seguir en esa de la esperanza, las flores y la primavera; deseche esto que acabo de escribir y viva su vida ignorando la verdad; la cual, todos sabemos, es única e irrefutable.

 

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