CHEWBACCA, LA MASA Y LA ELECTRÓNICA

CHEWBACCA, LA MASA Y LA ELECTRÓNICA

Por Eduardo Jorge López

Y ahí estaba yo, acostado con un frío de cagarse. Vino mi infame compañero de viaje y me insistió salir a tomar un mezcal. “Puta que lo parió” me pensé, “este chocolate caliente sabe a comida enlatada de avión. Mejor un mezcal pa’ sacarme el frío”. Allí fui, culpa del frío. “¿Que mierda hago acá en el frío?” pensé al salir a la calle, “Uno anda todo doblado, contrayendo la barriga y gimiendo alaridos de congelamiento” concluí.
Sábado en la noche, las horas caían y el vaso de mezcal que se me desangraba en la boca. “Es hora de irme” pensé. Era tarde ya, estaba cansado y la noche no me presentaba expectativas.
 Fue así que de repente todos estaban fumando una flor que olía decentemente. “Vamos a la plaza que hay una presentación del Proyecto Posh” me dijeron.
“El Proyecto Posh – me dije – ese que estuvo corriendo en San Cristóbal toda la semana. Organizado por estudiantes de la Universidad que se juntan a fumar porro y pensar cosas, creando escusas para no tener que estudiar. Luego se llaman entre los amigos y cada uno se presenta mostrándole al mundo que hacer Skyte o coser libros son cosas super importantes en la vida” pensaba mientras caía el churro en mi mano y terminaba por convencerme que no era más que una escusa que tenían los niños estos para hacer fiestas y mostrarse super-hipster-con-estilo-que-me-creo-que-ando-por-Berlín frente al mundo.
 Electrónica era. Si, electrónica. Unos imberbes adefesios que se dicen músicos, parados en el escenario, disfrazados de Chewbacca, tocando unas consolas grises que largaban voces de alarmas, grabaciones de otras músicas, distorsionándolas y mezclándole sonidos indescriptibles. Allá atrás había un flaquito con una batería que la tocaba como si de dark metal se tratase (conste que no conozco eso del “dark metal”) (y que tampoco sé si es un género de música) (pero suena cómo algo muy heavy). Aparte de otro que tocaba otra percusión, habían dos que cantaban con voz finita: “Ora pinches vergas”. La gente estaba extasiada; yo, cómo sapo de otro pozo.
Resignado ante la noche, me quedé ahí mirando y empezando a tratar de conectar con toda esa muchedumbre. Comencé a sentir ese humo subir, ver a la gente con las manos alzadas, cada una en su propio baile y su mundo personal de goce que se va sumando a los otros goces individuales y se van fundiendo en un solo baile. Empastados en una música que viene y que va, que suena sicodelica y frena de golpe.
Silencio.
Un rayo de luz comienza a arder en la tribuna y la batería que arranca con más rapidez y las luces explotan al son de todas las pistas de música puestas sobre un mismo carril. Me veo moviendo los hombros, siguiendo el compás. Observo esa homogénea masa de gente.
La masa, esa tan numérica y difusa de Le Bon, comienza a tragarme y la putisima madre que lo parió ¿Por qué tengo una sonrisa en la cara? ¿Por qué me siento tan…parte de la masa? Me siento cada vez incluido en esa música tan corpórea. “Eduardo Jorge López – me dije – es electrónica. No es música” Pero mi cerebro no hizo caso. Mis sentidos ya se movían en sinergia, impulsandose uno al otro
“¿Por qué estoy siguiendo algo sin comprenderlo?” Me pregunté. De repente estaba naufragado en esa masa impensante*, que seguía incesante un patrón de movimientos y felicidades vacías.
Esa noche perdí la batalla.
* no se si existe el término, pero sería como lo contrario a “pensante”
NdelA: Fotos no hay. Busque en internet a The Wookies si quiere.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *