DE LA OSCURIDAD EN TIEMPOS DE VIAJE

Ya hace tres días llegué a Guatemala, casi seis meses que llegué a Mexico. Hace dos años que tomé aquel avión hacia Rumania. Un poco más que renuncié a un trabajo, a una casa, un proyecto de vida que iba encaminado a seguir las reglas con las que crecemos: estudiar, recibirte, trabajar, casarte, comprar la casa, procrear, jubilarte y morir; así, casi por inercia. Hace ya tres años que había decidido que ese no era el camino. Hace más de cinco años que hice mi primer viaje que me sirvió de punto de fuga para empezar a soñar con una nueva vida.
A continuación usted leerá una reflexión. Las fotos nada tienen que ver con lo escrito, cómo para contrarrestar lo depresivo de estas letras verá algunas fotitos en Boca del Cielo, Chiapas (Playa en el pacífico)

Ya se puede decir que mi vida de viaje es parte de mi rutina. Aun así, el camino nunca es tan limpio. Aunque la felicidad es hacer aquello con lo que te sientes pleno, que en mi caso es viajar, hay momentos en donde esa perspectiva se pierde y la oscuridad gana. Porque por más que uno ande poniendo fotos y comentarios de cosas lindas en las redes sociales o cuente anécdotas en un blog, la otra parte siempre forma parte de la vida, este uno de viaje o no. Y no, querido lector, el viajar no es todo felicidad. Hay momentos en que uno naufraga en un mar de dudas, replanteos y tristezas. Existen horas en donde querés estar en la comodidad de tu cama, en lo apacible de tu confort, ese con el que te criaste y te sentis parte. Hay momentos en que, directamente, te preguntas qué mierda estás haciendo ahí. Esa parte, estimado lector, es la parte de los viajes que guardamos detrás de biombo, como para que nadie te diga: “Ah! Viste flaco. Estas loco en eso de andar vagabundeando por ahí”.

Porque viajando te pasan cosas increíblemente bellas y disfrutables, pero también sufrís las malas. De cuando te enfermas, de cuando no tenés un soporte a tu lado y estas rodeado de personas que, por más simpáticas y buena onda que sean, son personas desconocidas y sin un pasado común al tuyo. Esos momentos son los que traen a la realidad de que uno puede llegar a estar vulnerable frente al mundo. En esos momentos la soledad y la depresión lo invade todo.

Así, vivir la vida viajando no es algo extraordinario ni tiene nada de valiente ni de locura ni nada; es, simplemente, otra manera de vivir. Donde, al igual que esa vida “normal”, hay cosas lindas y momentos buenos, cosas feas y momentos malos.
Pero no se me amargue, querido lector, en la otra bandeja de la balanza está el contrapeso para todo eso. El viajar siendo parte activo de tu vida, te lleva a ver los problemas desde otra perspectiva. Comenzas a simplificar tu vida y, con ella, los problemas.
En mi caso, hacía tres meses que estaba sentado en un sofá, bastante cómodo y sin la sutil preocupación que da lo desconocido. Creo yo que por eso, el cuerpo me estaba pasando factura: que la fiebre, que la tos, que la hemorroide, que las muelas de juicio, que la picazón esa sin explicación alguna y que algún bicho se alimentó de mi dedo dejandomelo del tamaño de dos dedos gordos del pie. Todo eso hizo que mi mochila se convirtiera en una farmacia ambulante. Allí, en esos momentos, es cuando uno se siente más lejos de casa. Es cuando esa parte oscura de los viajes se manifiesta y te das cuenta que no sos inmune a nada y que la inmortalidad es puro cuento.

Anduve en el pacifico de Chiapas corriendo gaviotas
Pero el camino todo lo cura. El haber salido a la ruta y el cambiar de país renovó el aire, la mente y la salud. Hoy la boca está totalmente curada, la picazón es una leve sensación que desaparece enseguida y el dedo, aunque aún vendado, está en proceso de sanación. Pero lo que más curó fue la cabeza, el tener en mi espalda a mi mochila; en mi cabeza, ese sol agobiante; en mis suelas, la ruta; y en mi horizonte, el próximo destino. Todo eso me llenó de vida y energía. El volver a ingresar a pie una frontera, el poner el pulgar apuntando hacia el camino, el subirme en la parte trasera de los camiones con las familias indígenas que se mueven con su idioma y su feliz pobreza, tener a mi costado nuevos paisajes y llenarme de nuevas historias, son ese contrapeso que hace que los malos momentos sean estériles y casi sin importancia.

Ahora Guatemala es mi destino, un país del cual aun no conozco mucho pero que sé que muchas buenas cosas surgirán. El camino continúa, y con él, muchas nuevas historias.

Arriba de “La muela”, montaña en Xela, Guatemala

3 thoughts on “DE LA OSCURIDAD EN TIEMPOS DE VIAJE

  1. Capo… muy bueno el texto. Particularmente no me gusta cuando en muchos blogs se leen manuales de casi autoayuda que indican que la única vida buena es la vida de viaje. Es cierto que es una vida linda, llena cosas positivas y aprendizajes. Pero no es perfecta… ni tiene que ser la ideal para todos. Me gusta esto que escribiste porque creo que apunta a esos grises que quedan en el medio. Idealizar nada está bueno, y menos los viajes! Particularmente, cada vez más los vivo como una elección, y la verdad, un privilegio. En fin… abrazoooo! y a disfrutar de guate que es un país maravilloso!!!

  2. Si, me parece muy pedante esos textos en donde se exhalta la vida de viaje y se critica desde el Olimpo al que elige estar en la oficina nueve horas al día. Yo soy partidario de que mientras te sientas bien y en plenitud con aquello que elegis, todo es válido.
    Para mi vivir viajando es la mejor elección que he hecho y me siento super feliz con esta vida, pero no todo es tan blanco y puro.
    Abrazo

  3. No sos un heroe por vivir viajando, claro está, pero si sos una persona digna de admiración por tener los huevos de tomar la decisión y eso es meritorio. Así también, como una persona que renuncia a su trabajo por uno mejor, hay gente que no es capaz ni de eso, por miedo a lo desconocido, y si me va mal?. Nadie cree que vivir viajando es todo blanco, vamos… seamos realistas, sino no habría tanto miedo de perseguir este sueño.

    A mi me parece mágico viajar, y lo digo con la misma pasión que cuando me quedaba horas configurando un firewall en el laburo. Amo sorprenderme, y no necesito ir a Hong Kong para hacerlo (aunque me encantaria conocerlo pronto!! ja) y viajar me llena de sorpresas. Pero porque me apasiona, como me apasionan otras cosas de la vida. Obvio que todo tiene sus blancos, negros y grises. Pero no por eso es menos mágico. 😉

    no pierdas el erotismo de tu mágica vida. Allá dónde estás, yo te recuerdo por tu asaña, lo cual, no es cosa mejor 😉

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