PENSAMIENTOS DE UNA MAÑANA LEJOS DE CASA

Otra vez ese sonido, el arrullo del agua cayendo sobre ese techo de chapas y maderas. En la cama reposa el susurro de una noche de dulce insomnio. Otra vez, esta vida que elegí me arroja toda su magia.
Un domingo en la tranquilidad de San Cristóbal. Un domingo más que me encuentra sobre la satisfacción que da este eterno presente. Me siento y apronto el mate, ese que me hace acordar de las mañanas en Uruguay, de televisión prendida con ese programa tan de los domingos en la mañana.
Abro el archivo de Word y comienzo a recordar la música de mi cultura. Entro a youtube y ese despertar tan melancólico me lleva a La Trampa, esa que fue parte de mi vida muchos años, tan uruguaya, tan rica en música y contenido.

Esa necesidad de colmar mi significado cultural me lleva hacia alguna murga. Ese género tan mío y que cuando explicas lo que es, lo único que haces es cantar, gesticular y moverte al ritmo de la marcha camión, porque solo vos sabes que la murga es más que música; es, más bien, un mensaje, una filosofía, una parte, en definitiva, de la historia artística del Uruguay. Suena Jaime, suena “Brindis por Pierrot”, dejas sonar al Canario Luna y los que te rodean te empiezan a mirar con cara torcida porque están escuchando algo ininteligible desde una voz que no se parece a nada que haya existido en este universo.

Me tomo un mate, se escucha un trueno sonar a lo lejos. Las montañas se empapan de esas nubes que duermen en su regazo. Los bosques, cada vez mas teñidos por el inminente otoño, me arriman un aire fresco y energizante. Recuerdo la llanura de mi pueblo, sus praderas con ese horizonte tan perfecto, generador de amaneceres plateados y ocasos incandescentes.
Aun no sé qué escribir, no tengo mucho para contar. Cierro ese archivo en blanco. Tomo mi cuaderno de viajes, donde el lado B se manifiesta y expone lo más trasparente de mi. Mientras escribo pienso en todo mi camino, en mi pasado y lo que está por venir. “¡Pucha! si será larga la vida de uno che!” pienso, todo el trozo de vida que he usado para estar donde estoy sentado hoy. Pienso en mi adolescencia, esa etapa de construcción de traumas y fracasos, en el paso abrupto y tardío hacia la juventud. Pienso en mis transformaciones, mis frustraciones y mis constantes búsquedas de ese Yo en plenitud. Recuerdo las vidas que dejé atrás, de mis decisiones y de aquel tiempo donde mis sueños eran compartidos. Me recuerdo en este presente, en estos treinta y un años inmortales, más jóvenes que hace diez años atrás, allá… cuando el miedo lo dominaba todo.
Otra vez abro el archivo de Word. Algunas historias a medio terminar, muchos archivos de Eduardo López y sus impresiones, alguna que otra reflexión y partes del libro que quedaron afuera de la selección. Nada sobre anécdotas, menos sobre guías o recomendaciones. Todavía no sé qué escribir. Respiro la calma con la que me recibió la mañana. Miro hacia mi cama donde aún se huele el aroma que te regala el camino. Tomo otro mate y comienzo: “…Otra vez ese sonido, el arrullo del agua cayendo sobre ese techo de chapas y maderas…”

(cierro estas letras escuchando “El Viaje” de Agarrate Catalina)

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