EL HOSTEL Y LA POSMODERNIDAD

Hace mes y medio que estoy viviendo en San Cristobal de las Casas, Chiapas, México. Gracias a workaway,  conseguí quedarme en un hostel. La Iguana, se llama. (NdelA: workaway es una página que sirve para intercambiar fuerza de trabajo por alojamiento, comida o dinero)
En el plan de viajar de diversas maneras y hacer las cosas que me parezcan divertidas y con las que me sienta cómodo, tenía muchas ganas de trabajar en un hostel para ahondar en este típico mundo. 
El Hostel, por mi manera de viajar, siempre es el último recurso que utilizo para pasar las noches. Primero está conseguir alojamiento a través de amigos o amigos de amigos. El segundo es Couchsurfing, esa maravilla de página que hace del mundo viajero un mejor lugar para transitarlo. El tercero es mi tienda de campaña, cuando los trayectos son largos y la noche cae, desplegar tu casa móvil y hacer guarida en donde más te guste, es una entrada a otra manera de ver la vida de viaje.

El cuarto es el Hostel: cuándo no se da ninguna de las otras tres posibilidades (porque no conoces a nadie que te aloje, cuando couchsurfing no existe en ese lugar o nadie te contesta, o cuando la situación climática o logística no permite armar la carpa) es cuando el hostel pasa a ser parte de mi viaje. 
Si bien no he usado tantos en relación al tiempo que he estado viajando; en general, si me preguntan, prefiero no usarlos. Pero ¿no es una contradicción entonces, el querer vivir la experiencia de trabajar en un hostel? usted se preguntará. Si, puede ser. Yo que sé. Bienvenida sea la contradicción. Piense lo que quiere usted, no me interesa. 
Aun así, me he permitido filosofar sobre el mundo del hostel y cómo mi visión sobre esto me permite seguir teniéndolo como la última opción. Aquí va (si se marea con lo que va a leer a continuación, lo siento mucho. Aquí tengo a Eduardo López a mi lado que me ha a aportado mucho su visión. Preguntele a él, por más información) (he seleccionado fotos de lugares donde me he quedado, no necesariamente hostels):

Un hostel en Budapest. Un enorme edificio que arriba tenia el hostel y los pisos de abajo era un gran espacio para diversos bares, musica, luces, escaleras, puertas, habitaciones perdidas y laberintos que terminaban en ningún lado. 

En Estocolmo, Suecia; tocó dormir en una casa rodante gracias a Katerina, nuestra huésped de couchsurfing. En medio del bosque y a cinco minutos de la playa.
El Hostel es un no-lugar posmoderno del viajero contemporáneo. El no-lugar, concepto introducido por Lyotard en su teoría de la condición posmoderna, habla de esos espacios que exceden la particularidad de la cultura y la singularidad del contexto. En ellos existe una especie de burbuja que trasciende la geografía, la historia y la construcción social, y, a su vez, forma la cultura local de determinado lugar. Ese lugar pasa a ser un espacio donde no existe nada del lugar al cual pertenece. Ahí la cuestión del no-lugar. 
¿Ejemplos? El shopping o centro comercial, el aeropuerto, el supermercado. Todos, tienen una cosa en común: por ejemplo, el aeropuerto de Madrid, Montevideo, o de la capital de Mauritania cuyo nombre no recuerdo, son iguales. Tienen la misma lógica y cumplen los mismos parámetros reglamentarios y culturales. Allí da lo mismo que se sea árabe, occidental o maorí; el Duty Free va a estar en todos, los números de puertas serán los mismos, las voces en los parlantes estarán anunciando las mismas cosas; los idiomas se cruzarán y la diversidad creará un todo homogéneo que estandarizará todo.
Los hostales tienen algo de eso. El viajero de hostal se va moviendo de uno a otro, conociendo mucha gente de muchos países menos del que se está visitando. Las historias se suceden con personas ajenas a la propia historia de la cultura que se explora. La relación con el viaje, con la ruta y lo que te va sucediendo en ella, se aleja y se va disolviendo.  Se pierde en esa reducción de mundos que hace el tener sólo diálogo con otros viajeros que también se mueven igual que él. 
El idioma de ese viajero, por más que sea español, alemán o lituano (en su defecto), se sustituye por ese inglés internacionalizado, supracultural y de diversos acentos de distintas partes del mundo.
En Auschwitz, Polonia; me tocó dormir en frente al campo de concentración de Birkenau.
En Macario Gomez, Tulum, México; Alfredo y ELisa me alojaron en su casa en medio de la jungla. Arquitectura maya, piedras que vieron pisar otros civilizaciones y mi carpa al fondo, reposando al sol.

Al despertarme de la casa de Antonio, en Lysa Nad Labem, República Checa, tenía de vista todo el Jardín Real. Él vivía en la casa de servicio del Palacio.
El hostal es aquel lugar donde el viajero conoce un montón de gente, de otros países, ajenos al cotidiano de la ciudad y sus costumbres más naturales, visitando lo mismo y tomando las mismas fotos. Contándose esas mismas anécdotas y moviéndose de ciudad en ciudad por los mismos hostales, conversando con la misma gente y creando un submundo viajero que se encierra en su propio gueto y rinde tributo al descubrimiento sesgado y ajeno. Un descubrimiento revelado por la biblia del Lonely Planet y la seguridad que da estar rodeado por gente tan igual, tan clonada.

Aun así, el hostel guarda la energía del curioso que por una razón u otra, decidió dejar ese lugar tan estático y se aventuró al viaje. Millones maneras hay de viajar. El viajero hostelero es una de ellas; pero tenga cuidado, estimado lector, porque puede que esté viajando por Thailandia y aprenda mucho más sobre Estados Unidos o Alemania, gracias a sus compañeros de dormitorios, que sobre ese país de chinitos con piel color beige oscuro.

NOTA FINAL DEL AUTOR: Este post fue largamente discutido con Eduardo López del cómo referirse a este tema, tan susceptible para mucho publico de este tipo de blogs de viajes y cosas parecidas. Por más que la palabra “hostel” se repite unas trecientos treinta y cuatro veces en el texto, y siendo yo el dueño de este blog, decidí hacerme cargo y modificar el texto original que mi compañero de viajes, Eduardo López, había escrito. 
No obstante, por la amistad que me une a él, aquí les transcribo el texto original. Con Firma del señor Eduardo López.

“El hostel es un nido de aquellos nenitos con dinero que no saben muy bien que hacer con su vida y se van a compartir sus experiencias con otros igual a él que competirán por quién la tiene más grande. Sobandosela y regocijándose de los meses que hace que viaja, te contará historias de cuando el autobús se atrasó tres horas y se tuvo que comer una hamburguesa de la calle. O de la vez que el tour los quiso cobrar de más un precio previamente acordado. O de hablar de lo lindo que era cierto lugar porque hay un hostel re buena onda y con gente de todas partes y que, también, hay otro hostel en cierto pueblo de montañas que es re lindo (el hostel, no el pueblo).” 




5 thoughts on “EL HOSTEL Y LA POSMODERNIDAD

  1. "El hostel es un nido de aquellos nenitos con dinero que no saben muy bien que hacer con su vida y se van a compartir sus experiencias con otros igual a él que competirán por quién la tiene más grande. " Jajaja, muy bueno, muy ácido el amigo!
    Por oro lado muy buen post, me dejó pensando ciertas cosas!
    Un abrazo y buenos rumbos!!!

  2. Lamento informarle que la palabra “hostel” se repite 18 veces, no 334. Muy interesante su texto y me gusta como escribe. Saludos de un argentino ahorrando para viajar (acabo de leer “de la economía en tiempos de viaje”).

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