SAN CRISTÓBAL y mucho por escribir

La hoja está en blanco. La miro con extrañeza, alejado, ajeno.

En esa crudeza de la blancura textual me encuentro.
Ideas, muchas. Historias, un millón. Simpleza para escribir aquello que pienso, cero.
Porque la escritura, ademas de otras muchas cosas, es simpleza. Eso del ser capaz de traducir en letras aquello que se quiere expresar.
Tengo muchas ideas e historias para contar, pero no sale nada. Todo se borra, se tacha o se pierde en algún archivo word guardado en alguna carpeta que está dentro de una carpeta más grande que comprende a todos esos archivos que uno guarda en el escritorio y para no borrarlos, cuando está toda la pantalla llena de iconos, los guarda en esa carpeta que usted nunca va a encontrar porque poseen nombres de archivos tales como “Nueva Carpeta” o “Nueva Carpeta (5)”(¿Dónde mierda quedaron las carpetas número dos, tres y cuatro?).






En este punto estoy

¿Tal vez sea porque hice una pausa simbólica en mi viaje? ¿Será porque ya hace un tiempito llegué a San Cristobal de las Casas en Chiapas y me quedaré unos meses más? Tal vez sea porque en este momento estoy haciendo vida de ciudad: tengo mi cama, mi espacio, mi rutina. Posé esa ancla simbólica que nos da el sentido de pertenencia a un punto en concreto.

Aquí decidí quedarme unos meses ¿Por qué? Escusas, un millón: aprender a hacer libros artesanales, convertir “Cuentos debolsillo” y “Letras de viaje” en dos libros digitales y poder entrar en ese mercado virtual tan irreal para mi; que tengo ganas de ir al teatro, al cine, saber de ese puesto donde encuentro la fruta más rica y barata y saber el nombre del que vende hamburguesas a veinte metros de donde vivo.
Y allí está la cuestión, en esa necesidad de “estar viviendo en algún lugar”. Qué, por más nómada que uno se declare, es algo que siempre juega y pesa. El nómada posmoderno parte de un estilo de vida sedentario y deberá luchar contra esa estructuración mental por el resto de su vida. Esa dualidad es la que me lleva a pensar siempre en dos planes contradictorios que conviven sin mucho cortocircuito: una, es la del que quiero moverme, viajar y viajar, estar acá y allá, estar en situaciones desconocidas y vivir muchas vidas; y la otra, es la de mi casita con la estufa, la montaña, el lago, el nombre de la calle, la misma cama y el saber a que hora pasa el camión de la basura.

Esta segunda cuestión es con la que la mayoría de nosotros nos criamos y vamos creando nuestra forma de vincularnos con el contexto (bueno, yo nunca fui bueno para aprenderme los horarios de recolección de basura).  Por eso, por más viajero que uno sea, siempre se está pensando en esos lugares en que ya ha estado y en los cuales “viviría” (a mi me pasa, tengo en mi cabeza eso de que viviría en Granada, España; o en Sarajevo, o La Habana). Esa manera de pensar, de tener un lugar preferido para vivir, es porque nuestra programación mental está hecha para la vida estacionaria. La vida vista en un refugio que nos brinde cierta seguridad.  
Pero ¿acaso no está viviendo ahora usted, señor lector viajero? ¿Acaso la movilidad y el saberse viviendo de un lado para otro no se puede asociar a “estar viviendo en algún lugar”


Así está mi trancadera, estimado lector, quiero escribir sobre mi vida en San Cristóbal, sobre Chiapas, Palenque y sus ruinas en medio de la selva, de la Rivera Maya y sus rasgos culturales definidos por el turismo de paquete y los dólares. Ando debiendo la historia del camionero de Tarantino que cantaba cumbia y le pedía perdón a Dios por drogarse para tener que trabajar. Pero no. Nada sale, solo conceptos pretenciosos, confusos y contradictorios que, ademas de muchas otras cosas, no gozan de esa simpleza necesaria que debe gozar la escritura.

La única referencia que me sale escribir sobre San Cristóbal es que es una maravilla. Eso es todo lo que puedo decir de esta ciudad al momento ¡Puta madre! hubiese escrito en el Twitter mi impresión de San Cristóbal y, no solo que me sobraban caracteres, sino que me hubiese ahorrado estas dos horas que me ha llevado escribir la porquería que acabo de escribir.

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