LOS GORILAS Y LAS ARMAS


Noche en algún bar en Tulúm, México

“¿Qué idioma hablan en Uruguay?” “Español” “¿y cómo es que estás hablando inglés?” “es que lo aprendí por ahí, viajando” le contesté al veterano nacido en Colorado, Estados Unidos. “Ah! Como yo que aprendí chino, vietnamita y thailandes. Porque estuve viviendo en todos esos lugares. En Laos también. Pero ahora como soy retirado militar vivo aquí en Mexico”

Ahí comencé a imaginarme la historia que se presentaba, por lo que me limité a llenar el vaso nuevamente de cerveza, prender un cigarro y preguntar “Qué lindo es el sudeste Asiatico. Tengo intención de viajarlo luego que termine latinoamérica ¿Cómo está allí? ¿hace mucho que usted vivió allí?” Me mira, encoge los hombros y me dice: “por el 68 y 69. En aquel momento yo era estúpido y no sabía nada, pero de haber sabido no hubiese ido. Era estúpido y no sabía nada”. “No puedo ni imaginarme” fue lo que pude decirle “yo conocí a un noruego que había vivido siete años en la jungla de Camboya” le continué diciendo. “¡Odio Camboya! Porque yo los maté a todos. A todos los maté. Pero era jóven, estúpido y no sabía nada. Los maté a todos. Allí, en la jungla los maté a todos. Excepto a los gorilas, que nos tiraban piedras desde los árboles. No nos atacaban porque sabían que yo tenía mi arma, pero aún así no nos querían y nos tiraban piedras” “O sea que no les disparó” “Y… no ¿qué sentido tiene dispararle a un pobre gorila?”

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