GUÍA FABULESCA DEL SNORKEL EN COZUMEL

Ésta es una guía descriptiva sobre los lugares para hacer Snorkel en Cozumel. El Sistema Arrecifal Mesoamericano es el segundo mayor del mundo. Esta isla en la Rivera Maya está sentada sobre ella. Tal es así que el famoso Jacques Cousteau (y me paro al escribirlo) lo catapultó cómo uno de los cinco mejores lugares en el mundo para snorkelear.

El tour al que asistí fue gracias a mi anfitrión Melhor que tenía un amigo con bote. Nos llevó a lugares donde los tours comerciales no van, ni hay una explicación de algún experto en concreto. La descripción se basó en la manera de comprender un biosistema por parte de un uruguayo que se crió en las playas uruguayas, donde snorkelear equivale a ver una pantalla marrón que ocupa todo el campo visual.
Ademas, cabe aclarar, que las fotos no son mías ya que no poseo cámara acuática. Es bueno decirlo porque lo cortés no quita lo valiente (si alguien me puede explicar que carajo significa eso, le agradecería. Porque lo “cortés” es subjetivo y lo “valiente” está sobrevalorado)

(La foto de portada es una mierda, ya lo se)

He aquí:

  –El Cielo –
  

Agua trasparente, que si no fuese por el reflejo del sol uno no sabría que hay agua allí. El verde turquesa abundaba gracias a la arena cristalina. Este suelo contenía la información precisa para saber porque la llaman el cielo: estaba llena de estrellas de mar. 
Toda mi vida las había visto, solo que colgadas a alguna pared como adorno, pero esta vez ese adorno en ese lugar era yo. Estaba nadando en su territorio. Una pequeña por allí y muchísimas más grandes por allá. El agua era una piscina y la calma de su interior más que el cielo era el paraíso. 
Pero cada vez hay menos, porque ellas no pueden salir al exterior. Ni ni bien toman aire se mueren. Siempre se debe mantener dentro del agua. Pasa que los estúpidos turistas la sacan, se toman fotos, y cuando las devuelven al fondo ya están muertas. 
Es así como la población de estrellas se ha ido reduciendo a medida que más y más hordas turísticas vienen a visitarlas. 

Así que ya lo sabe usted ignorante turista: no sea idiota!
Baja Colombia-
El agua se había convertido en un azul intenso. Ya estábamos lejos de la isla y al tirarme pude sentir la inmensidad del todo, girar mi cuerpo trescientos sesenta grados, flotando y, casi a la deriva, saber el cuán pequeños somos. Sentí vértigo al sumergirme, era extremadamente profundo. Yo ahí, volando sobre otro universo. Un arrecife como el que veía en los documentales de Discovery Chanel. 
Enormes plataformas con plantas y seres vivos prendidos a una gran columnas vertebral submarina, tan viva que se sentía el latir vital de ese escosistema. Cosas danzaban al son de la sintonía que daba la profundidad y la paz que trasmite el sonido del silencio.
Por allá a lo lejos estaba la Barracuda, un pez que puede llegar a medir más de dos metros de largo. Pero por suerte para mis sentidos tan ajenos a ese mundo oceánico, éstas eran pequeñas. Otros peces andaban de aquí para allá. Hasta una expedición de buzos se mezclaban en el paisaje, contaminando la visual natural de ese azul profundo.

Alta Colombia- 


Aquí la profundidad era más obsena. A esa altura me comenzaba a sentir como una mezcla de Aquaman y Jacques Cousteau. En ese lugar los peces eran abundantes. Recuerdo unos pequeños que nadaban curiosos a mi lado, uno me miró a los ojos y puedo jurar que me sonreía. Se acercaron sus hermanos de cardumen y masificaron mucho más las sonrisas ¿Puede un pez sonreír? 

Al a vez, abajo pasaba una pareja de peces veteranos italianos. Con ojos arrugados inquisidores, labios protuberantes un poco cerrados en su lado izquierdo, tornándose más abiertos hacia la derecha. Su cara denotaba mal humor y se lo hacían saber a cualquiera que osara pasar a su lado. Allí nadaban, soberbios y ajenos a esos seres que invadían su territorio. Cada tanto, pasaba una fila de jóvenes vestidos de colores, llamativos y juguetones. Alguna hacía un movimiento brusco y los demás salían corriéndolo de atrás. “Adolescentes”pensé.

-Cantil- 



Allí no era profundo, era realmente la profundidad de la inmensidad oceánica. Más arrecifes y rampas descendentes que se perdían en el azul oscuro. Entretenido estaba con los peces pequeños con trompas puntiagudas y pececitos espada, cuando a mi costado pasa nadando, muy desetresada (tal es su naturaleza) una señora tortuga. 
Con sus ojos marihuaneros achinados, cuatro aletas removiendo el agua para ascender a la superficie y tomar una bocanada de aire. Sacó la cabeza al azul del cielo, aspiró una vez, retuvo el aire y exhaló. Nuevamente otra pitada de oxigeno, una carraspeada y el pecho inflado por la retención del aire. Volvía a exhalar. La sonrisa se le ensanchaba y los ojos más chinos se volvían. 
Quedó allí, colgada cuál computadora de 1 GB de Ram tratando de abrir el “FIFA 1014”. Miró otro poco. Una última pitadita y se sumergió a su guarida en el fondo del arrecife. La perdí de vista en esa enorme ciudad acuática con tanto tráfico  y tanta vida.
Otra pareja de tortugas desfilaban por la avenida principal, atascando el paso de otros peces de otros modelos y colores.
Más tarde el corso tortugero había culminado dándole paso al barra de peces largos con rayas negras y amarillas. La hinchada de Peñarol yendo al Estadio Centenario, con sus banderas, amenazando de muerte todo a su pasó y cantando canciones que solo ellos festejan.

El agua me entraba por las fosas nasales, me atoraba con mi propio aire, sacaba la cabeza al exterior, volvía al mundo real en medio de dolor de cabeza por el agua salada que ingresaba incesante. Escupía sal (¡Oh! ¡Mi presión arterial!), el agua me ahogaba la respiración. El ruido, el sol, los barcos, los tour de turistas, el sonido del aire ¡ese aire de mierda, opresivo, déspota! Sin importar el agua, la sal, el ardor de garganta y la puntada en medio de la frente, me sumergí nuevamente allí, a ese otro mundo tan lejano, tan desconocido.

-Barco hundido-



Este barco fue comprado a los Estados Unidos y se ensambló en el fondo del mar con el fin de formar un arrecife. Está bien, pero es una mierda. Literalmente, porque allí están los peces cagones que llenan de materia fecal todo el lugar y usted ve el fondo pixelado. Un asco. Evítelo.


-El agregado-



Esto no es un nombre de un lugar en concreto, sino una simple nomenclatura que sirve para esta clasificación. Luego del Cielo, se va más un poquito para delante y podrá desayunar o tomar unas cervezas en un gran banco de arena donde el agua de cristal le llega a las rodillas y se ven mantarrayas o peces azules acompañando su marcha.

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