NUEVOS CAMINOS


Supe que no había marcha atrás una vez descubierto que Viajar es aquello que me hace sentir vivo, en los que he encontrado momentos plenos de felicidad, descubierto muchos por qué de mi vida, conocido nuevos mundos, nueva gente. Viajar me ha llevado a disfrutar del vagar por ahí, vivir un año en Rumania, sentir que el tiempo se detiene y que lo puedo sostener en mis manos. 
Superados algunos de mis miedos y algunos momentos díficiles que te plantea la ruta que me pusieron a prueba, descubrí una vida nueva, excitante, adrenalínica, vital.
Hace seis meses y luego de patear por más de treinta países, me encontré nuevamente en Uruguay. Otra vez de vuelta a una vida opresiva, con cuentas, plazos y trabajos ajenos. 
Vivir en pose no es algo que tenga planeado para mi, por eso decidí seguir el camino de aquello más me gusta hacer. Pero ¿para donde ir? Todos estos años de viajar de diversas maneras (como vacaciones, como escape, como estudio, como trabajo, como forma de vida) me habían mostrado el camino: no importa el cómo sino el por qué.




El contexto había cambiado: ahora mi vida debía transitarla solo, sin esa enorme compañera de ruta que fue Vero. Así que tomé la decisión: dejaría todo nuevamente para saltar, una vez más, a lo nuevo y desconocido. Es que no hay cosa que me motive más que viajar y saber que aquello que no conozco es lo que me inspira a caminar. El mundo es demasiado grande cuando abrís su puerta; pero, a la vez, está a los pies para quien quiera pisarlo. 

América Latina era un debe abrumador. Casi con voz apagada, con la mirada baja y el pecho encogido decía: conozco más Europa que mi continente. Y cómo la vida es hoy me dije que debía cambiar de alguna manera esa respuesta. y la mejor forma era agarrar las mochila y recorrerla de punta a punta. 

Es así que he vuelto a viajar. Nuevamente sin fecha de retorno, abierto a lo que me pueda regalar la ruta

“Próxima estación…México”

De un día para otro la decisión estaba tomada: debía irme lejos para desafiar aquello que quiero llegar a ser, para llegar a otro nivel en mi vida de viajero: viajar sin dinero seguro, ir generándolo mientras viajo. Comenzar a encontrar y dedicarme a aquello que realmente quiero ser: un nómada que escribe. Simple. Algo que me era imposible planteármelo hace unos años atrás.
Así comencé a escribir un libro. Un libro de viajes, como tantos otros. 

El diseño de la tapa también ya está pronto

Y si eso de que el Universo te da las herramientas y está en ti tomarlas o no, se hizo carne cuando me llegó un mensaje de Martín, un amigo de la infancia, que vive en México: Quiero viajar a Uruguay con Maricarmen (su esposa) y Lucero (su hija de dos años) y, vos que has andado viajando nos gustaría que vengas con nosotros. Tengo la camioneta y me sale lo mismo mandarla en barco a Uruguay que usar ese dinero en combustible para llegar por tierra.
Un día demoré en contestarle que afirmativamente, aunque la decisión de hacerlo la tomé en solo dos segundos. A partir de allí fue una tormenta de ideas y ver las herramientas con las que contábamos para costear el viaje: yo escribo, Martín es un excelente guitarrista. Luego surgió el pintar cuadros, Maricarmen haciendo artesanías y Lucero ahí, siendo el nexo de todo: la frescura, lo lúdico, lo diferente, lo motivador. 

Hace tres días llegué a México, con un libro de cuentos terminado que se me ocurrió hacer a mitad de camino (por si usted no sabía, querido lector, este blog antiguamente era una blog de cuentos cortos. Así que recopilé todos los que tenía escritos desde mi adolescencia a esta parte, los limpié un poco, les acomodé algunas cosas y salió de un tirón) y el de viajes con un noventa por ciento finalizado (que ya haré una entrada especial cuando lo finalice) (debo adelantarle que me sorprendió: no hay cosa más fascinante para mi, luego de viajar, que sentarme a escribir un libro, porque es todo un desafío desde el punto de vista que no tenía idea de como escribir uno). 

Aquí comienza la nueva aventura querido lector. Un nuevo mundo se abre, otras realidades se incorporarán a mi subjetividad, desanclandola aún más de mi ser. 

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