MEXICO DF La barriga del Gigante

El Districto Federal de México es infinito. Si, amable lector, como lo está leyendo: es infinito. No termina nunca. “Yo llevo toma mi vida viviendo aquí y aún no conozco toda la ciudad. Es que aquí son como diez ciudades en una” me dijo Fernando, un chico que me llevó para la casa de Ana Lucía, mi couchsurfing colombiana que vive en el DF. Uno nunca ve el final de la ciudad, se toma tres combinaciones de metro, un metrobus y un tren interno y sigue viendo ciudad. Enormes autopistas conectan otras avenidas inmensas, infectadas de vehículos último modelo. 

Mucha gente, veintidos millones de personas transitando ese hormiguero tan lleno de urbanidad, polución y ollín. Debo decirle, querido lector, que me fascinó. Aunque solo tres días. 

En los años de viajero he creado una especie de varómetro donde he descubierto que mi resistencia a las capitales oscila entre tres y seis dias. No mucho más. Dependiendo de lo que me ofrezca y pueda encontrar en la capital de algún país, son los días que mi cabeza aguanta a las metrópolis. Por ejemplo, Roma con dos días ya es suficiente, lo demás es un contagio excesivo del estress de la calle, turistas  e italianos. Pero en Amsterdam lo mínimo son tres o cuatro pero no más de seis o siete, ya que tu cabeza puede llegar a explotar de locura. Fuera de concurso está La Habana, ciudad que estuve diez días y en la que me quedaría diez años sin problemas.

Calor en el parque de La Alameda
El DF es excesiva, obsena, monstruosa. Tenía tres días para repartirmela, debía escoger que ver y que hacer.
El primer día llegué pasadito el mediodía y me lo tomé tranquilo, me quedé en los alrededores de Tlalpan, barrio al sur donde me quedaba. Disfruté de un bar arrinconado, de la cerveza y la rutina cotidiana. A la tarde ya no me moví, pero aprendí muchas cosas sobre redes sociales, posicionamiento en internet y videos de youtube con Juana, la hija de Ana Lucía. 
Le comenté de mi proyecto de viaje, de que debíamos hacer seguidores en las redes pero que no entendíamos mucho. Ella, que tiene cientocincuentamil seguidores en Facebook y ciento catorce mil en Twitter (más miles en Instagram y Youtube), solo retuitueó y compartió nuestra página y ¡chan! en diez minutos aumentó un veinticinco por ciento el número de seguidores. 
Ella la tenía muy clara y yo ahí…sintiéndome un cavernícola; me vi arcaico y ante la inminencia del paso del tiempo. Me trajo la realidad de que ya no somos la generación de punta, esa que cuando jugaba al Nintendo en el Mario Bros. era un crack frente al viejo que apenas sabía prender la radio. 
Juana, es una youtuber y vive de eso. Grandes marcas internacionales les pagan por hacer videos. Son hijos de la era de la Red Social como el canal más potente de comunicación. Las redes son parte esencial de su vida, como para nosotros fueron los Osos Gummy (aunque nunca nos pagaron por verlo).

Catedral metropolitana de la Ciudad de Mexico, la más grande de América Latina


Al siguiente día decidí que lo que debía conocer era el Centro, la parte histórica, la parte del Zócalo, las calles de sus alrededores, recorrer librerías (un vicio que me puede) y meterme a algún museo que sea gratis. Lo hice, pero no es mi intención hacer una guía práctica para recorrer el centro del DF. Lo que le puedo decir, querido lector, es que impresiona ver la muestra de la cultura maya que se encuentra dentro del Palacio Nacional

Sentí como, poco a poco, entraba a un mundo totalmente desconocido para mi como lo es la cultura pre hispánica. Sentí una sensación de mucha curiosidad y una motivación extra sobre su cultura. Podía tocar sus piezas, ver sus obras y entender un poco más su cultura. Pero imagínese, amable lector, que si me generó eso un Museo, donde todo esta pintadito, iluminado, empaquetado y rayando lo artificial; lo que será cuando me interne más en el continente y pueda caminar el cotidiano de las personas que aún mantienen algunas de esas raíces ancestrales. 

Palacio de Nacional de Mexico


Inscripción Maya

Motivado por eso, al tercer día me fui para las pirámides de Teotihuacán, pero eso será otra entrada ya que esa experiencia necesita exclusividad. 

Teotihuacán

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