EL TREN Y LA POESÍA (segunda parte de “Apuntes Balcánicos”)

Mi teoría de la relatividad se basa en el tiempo y su percepción. Imagine la percepción que tenemos del tiempo según lo que esté pasando: no es el mismo tiempo una hora de espera en un Hospital que una hora dándose un baño en alguna playa del Caribe. Seguramente la segunda opción  “pasará muy rápido” y la primera “será una eternidad” (claro que existe gente que prefiere que la ecuación sea inversa). Así, mi querido lector, El tiempo es subjetivo.
Pues bien, esto fue lo que me sucedió las doce horas que estuve viajando desde Belgrado a Bar, Montenegro. Fueron las doce horas más cortas de mi vida. Fue el viaje en tren más corto de mi historia. Es que los paisajes que atraviesa a lo largo del día son obsenamente hermosos. Yo no sé cuánto tiempo puede estar una persona sin respirar antes de cantar flor*, pero todo el viaje te deja sin respiración, te llega a despeinar los sentidos y el asombro.


Ya en la mitad de Serbia comenzás a ver las montañas tapadas de bosques verdes y decoradas con infinidad de pequeños pueblos. El tren cruza inmensidad de estaciones, la gente se baja y otra sube, hablan entre ellos un idioma inteligible para mi. Se saludan, se ríen, se abrazan; parece gente feliz, amigable, agradecida. Cada uno con su historia, tan cargada de pasado, de peleas, de guerras, de muertes.


 


Pasan las horas y el tren sigue su cansino paso, sin estrés; como diciéndote: -eh? mirá lo que tengo para mostrarte…disfrútalo que no hay apuro, pibe…- A medida que vas dejando Serbia y vas llegando a Montenegro, las montañas crecen y el tren sube. Y sube. Ya ese camino donde mirabas para el costado y veías montañas, no existe; sos vos el que está en la montaña y abajo solo está el precipicio. Aparece un túnel, el tren lo atraviesa y sentís que vas entrando en el pulmón de la montaña. Salís y mirás para abajo: la ruta de autos casi no se ve. Por ahí divisas un río que serpentea la superficie, un agua verde turquesa que te encandila y que va marcando las venas de una naturaleza inmensa, salvaje.





La hipnosis ahora tiene un pequeño sobresalto y te das cuenta que estás en otro lugar, que ya pasaste la frontera, aquella que hace veinte años no existía. Empezás a ver como el bosque se convierte en montañas pedregosas y acantilados eternos, casi podes respirar la nube que invade el camino. Cruzas algún puente que no sabes de donde está agarrado, atravesás algún túnel que dura kilómetros y ahí te pones a pesar no solo en la maravilla de la naturaleza sino en la maravilla del ser humano, en como ha sido capaz de construir esta tecnología y llegar tan alto, crear una  ingeniería tal que permita alcanzar a todo eso. Pensas en el prodigio del transporte, que ha desafiado a toda lógica natural.





Paisajes y postales se sucedían, la batería de la cámara de fotos se iba agotando poco a poco, las horas corrían y la noche comenzaba a desplazar al día. El tren comenzaba a bajar a nivel del mar. –muy bien, fin del viaje-me dije, pero enseguida apareció un río lleno de nenunfas y toda clase de plantas marinas que dio paso a un inmenso lago cristalino.
Ese lago, con el sol ocultándose detrás de lejanas montañas, me regaló el final del viaje más poético que he hecho en mi vida.
 

(*) Expresión utilizada en Uruguay para la palabra “Morir”. (Observese este nuevo recurso del asterisco)

2 thoughts on “EL TREN Y LA POESÍA (segunda parte de “Apuntes Balcánicos”)

  1. Guau!!!!! Qué fotos, qué lugar, que maravilla!!!! Che, Nico qué cámara tenés? Ah… y me carcome otra duda blogera… ¿Cómo se pone el asterisco? Terrible recurso, yo soy muy de las notas al pie y los paréntesis, algún día voy a hacer una entrada de eso! Je! 😉 Después de ver las fotos, se comprende perfectamente que 12 horas pueden resultar 12 minutos… Besote

  2. Una camara esas de bolsillo que tengo que empujarle el zoom cuando la apago porque esta roto y que tiene una pequeña mancha negra en su lente que no se lo puedo sacar con nada…

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