EFECTO MARIPOSA

Muchos deben conocer la noción de “efecto mariposa”, donde la introducción de alguna variante en las condiciones del tiempo-espacio puede llegar a cambiar todos los eventos futuros. Algo así como lo que hizo Homero Simpson al viajar en el tiempo a la época de los Dinosaurios y matar un bicho. Al volver a su presente, su realidad había cambiado totalmente. Inclusive, cada vez que iba al pasado e intentaba arreglar algo, al volver siempre se encontraba con distintas realidades (inclusive en una de esas llovían donas) (si, ya se…es un ejemplo un tanto Frikie) (¿pero quién no ama a Los Simpsons?).  

Eran las diez de la mañana y estábamos con Vero en el borde de Ucrania con Rumania. La idea era comenzar en el norte rumano, luego Ucrania para continuar camino a Rusia en autostop. -¿Uruguay? ¿la Visa? ¿Dónde tienen marcada la visa? Sin visa no pueden entrar- nos dijo la mujer policía de la frontera ucraniana en un perfecto rumano. Nosotros, acostumbrados a que nos pidan visa en todos los países porque no conocen lo que es Uruguay, le dijimos que no precisábamos (como en la mayoría de los países de Europa, excepto Albania, Bielorrusia y Moldova). Ella nos comenzó a decir que necesitábamos, que debíamos ir a Budapest, sacarla y regresar para poder entrar en Ucrania. Nos mostró el papel donde decía “Uruguay: se requiere Visa para entrar” (eso supusimos porque estaba escrito en ruso).

Nuestros cinco metros en Ucrania, antes que tuviésemos que dar media vuelta
Segundo día de viaje y los planes de Ucrania caían de un manotazo; y con ello, Rusia (que para ahí no precisamos Visa, pero al no poder cruzar Ucrania debíamos descartarlo también). Segundo día y debíamos planificar el viaje de nuevo. Segundo día y el viaje que iba a ser, no fue.
Así nos decidimos ir a Polonia en primer lugar. Para ello debíamos atravesar lo que quedaba del Noroeste rumano, Hungría y Eslovaquia.
Así nos fuimos a la ruta donde nos paró un cura pentecostal que andaba repartiendo pan por las casas, evangelizando por medio de la caridad. –No! Concubinato es malo, se deben casar. No es posible que estén siete años viviendo juntos sin casarse-Nos decía. –Da, da…dupa dupa- contestábamos nosotros para que quede contento.
Nos dejó en una ciudad cuyo nombre no recuerdo y allí nos paró un auto con tres jóvenes. –En este momento estamos trabajando. Decoramos y organizamos casamientos. Es una empresa familiar donde todos trabajamos ¿Quieren venir con nosotros? Y luego vemos que hacemos y se quedan a dormir en nuestra casa- nos dijo Emilia, una de las muchachas.
Algo que he aprendido haciendo dedo es nunca rechazar una oferta de las personas que te levantan, porque rehusarla sería rechazar lo inesperado, esa magia del viajar que solo te pasa cuando se está en movimiento.
La familia de Emilia era de esas familias gigantescas, donde en la misma casa conviven Padre, Madre, hijos, hijas, novios, novias, maridos, algún nieto, la hermana divorciada, perros, un baño, un living con la televisión, puertas que se abren y cierran, gente que entra y sale, comida, refrescos, algún niño durmiendo en el sillón, el lavarropas cargado de ropa, mucha conversación, gritos, ruido y mucha energía en movimiento.


Luego de arreglar el salón para un casamiento de gente con mucha plata, fuimos a presenciar otro casamiento más de pueblo, donde finalizamos sacando fotos a la novia y siendo testigos de las tradiciones locales en este tipo de rituales (incluso, tan rígidas son esas tradiciones que tenían “la mujer de la tradición”, un persona que asiste especialmente para verificar que los rituales se cumplan al pie de la letra).
Al otro día debíamos partir, teniendo que decir que no a las invitaciones de la familia en quedarnos un día más para compartir más tiempo juntos.

El salón de fiestas luego de arreglado
El otro salón de fiesta, más de pueblo
Los novios
Cruzamos el norte de Rumania, Hungría, Eslovaquia y llegamos al sur de Polonia en un solo día. La distancias son muy cortas cuando uno pone buena vibra a las situaciones y se abre al camino, preparado para que cualquier cosa pueda pasar. Porque comenzamos la mañana con un veterano de setenta años que cruzó la frontera de Rumania con Hungría solo para llevarnos a un buen punto para agarrar algún otro vehículo y terminamos en la noche durmiendo en la casa de Karolina en el sur de Polonia. 
Karolina (si, es con “K”) y su madre, nos levantaron en Eslovaquia y nos hicieron una recorrida por un enorme lago eslovaco y una ciudad medieval declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO en el norte de ese país. Al principio nos habían ofrecido que podíamos tirar la carpa en su jardín pero luego nos dieron un cuarto, nos invitaron a probar comidas típicas polacas y pasamos lindos momentos de charlas con cerveza de por medio.


En aquella mañana del segundo día de viaje habíamos tenido que dar media vuelta y cambiar todo lo planeado. Ya el camino a Ucrania era cosa del pasado y la ruta a Moscú en autostop no existía. Esa variable inesperada había cambiado los eventos futuros, ese “efecto mariposa” nos mostraba la certeza de que todo lo que pasa, pasa por algo. Esas cosas que solo te suceden viajando; esa adrenalina tan adictiva que te da el vagar por el mundo, que te abre los sentidos, te pone de pie frente a lo inesperado y donde tu mente se mantiene en constante sinergia con aquello que te va sucediendo. 


3 thoughts on “EFECTO MARIPOSA

  1. Excelente! No hace falta agregar nada más a lo ya dicho por vos! Hubiera agarrado viaje enseguida si me dicen que decoran y organizan casamientos! Qué lindo laburo! Y que espectacular conocer otras tradiciones, costumbres, comidas, rincones… hermoso!!!! "El camino te lleva, vos dejate ir" me dijo una vez un señor en el medio de la nada en un pueblito perdido del interior cuando pregunté por la casa de una persona a la que tenía que entrevistar por el plan de equidad! Beso, Alicia

  2. Ja me encantó esa frase! No podes "dejarte ir" si estás trabajando para el EGM jaja…
    Igual si te fijas en la foto del salón de bodas con más glamour se corta todo el mambo con las botellas de plastico de Fanta naranja y de agua…(ese estilo tan extraño de los rumanos)

  3. Ojo! Esa frase me la dijeron trabajando para el MIDES… igual recuerdo una vez que llegaste (ahí sí trabajando para el EGM) y me dijiste que sólo te faltaba la canasta con flores… porque estabas en el medio del campo! Una forma muy poética de decirnos que te habíamos mandado al "éxtasis del papagayo" o sea "a la concha de la lora"!!! Jajajajaja!! Qué les siga yendo lindo en el viaje! Las fotos espectaculares como siempre! Mañana hay un post de viaje en mi blog! Besos a vos y a Vero!

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