DECISIONES (Parte cuatro de “Apuntes Balcánicos”)


(Nota: esta es la tercera parte de una serie de cinco relatos sobre los balcanes Pinche Aquí para leer los demás. No sea perejil y sea feliz.) 
Había tenido un pequeño golpe de suerte con un belga que me levantó al inicio del borde Croacia, minutos después que la policía me liberara. El conductor me preguntó donde iba, -Mostar, Bosnia- le dije. Luego de comenzar a hablar me dijo -Sabes qué? yo iba a ir a Mostar en la tarde pero voy a ahora, ya te dejo a vos y aprovecho para visitarla-. Pasamos casi dos horas hablando y pasando por todos los temas habidos y por haber en el universo discursivo. En el camino, Bosnia nos reglaba increíbles paisajes, postales ocultas en un país que tanto había sufrido la guerra hacía veinte años atrás. La ruta, las montañas y nada más. Todo completamente vacío. Los carteles indicaban que un pueblo comenzaba, veíamos dos o tres casas   y terminaba. Muchas ruinas de otras civilizaciones y de la actual, la naturaleza tan violenta y salvaje que no daba lugar a población alguna.

El belga me dejó en Mostar camino a Sarajevo. Cuarenta grados a la sombra habían. Los autos pasaban, me sonreían, me hacían señas y siempre seguían de largo. Una hora y yo seguía ahí. Dos horas, y aún soportaba el calor. A la tercer hora decidí hacer algo distinto.

Mostar
Muchas cosas buenas que tiene viajar solo es que no tenes que negociar nada: te vas cuando queres, vas a donde quieras, a la hora y en el tiempo que más creas conveniente. Tenés la libertad total de movimiento y decisión, sin esperar a que alguno se demoró o te esté apurando. No tenés a nadie con quién pelear cuando estas cansado o la opinión es distinta. 
Muchas cosas resultan ventajosas, por ejemplo: yo escribí como nunca, hojas y hojas de letras subían a la superficie y llenaban los espacios en blanco. Pero allí es donde comienza la desventaja del viajar solo, porque no tenes con quién compartir todo eso que te pasa viajando, bueno o malo. Las cosas que te suceden las digerís solo, tragas esas sensaciones y te contenes de verbalizarlas (imagínese, amable lector, estar frente a un atardecer sobre el Adriático, solo y estar diciendo en voz alta: -pah! que indo…mirá el color del cielo alrededor del sol…ah! ahora un barco ¡que buen contraste hace! ¡que foto pal facebook es esa!-. Lo único que pasaría es que la gente comience a alejarse paulatinamente de usted arguyendo su falta de cordura). 

También me di cuenta que el viajar solo requiere poner tu cabeza en otro contexto, porque no tenés un soporte cuando las cosas no te salen muy bien. Esas tres horas que había estado en la ruta me hicieron pensar: ya había perdido la carpa el día anterior luego de atravesar  caminando montañas y calores por horas, casi me mandan preso en Croacia y de diez horas haciendo dedo había pasado seis horas metiendo el cuerpo a la ruta. Y esto último inclinó la balanza, porque el autostop es una de las formas más divertidas de viajar pero si se tiene algún compañero para compartir la risa. Mi cabeza comenzó a pesar, no tenía una segunda opinión, no tenía a quién me contradiga; era yo y nadie más. Así que tomé una decisión: –sigo el viaje en bus a Sarajevo. Se terminó el autostop para mi en este viaje. Todo muy lindo pero estoy aburriendo.- 


Así que llegué a Sarajevo desde Mostar en bus. Mi cuerpo pedía a gritos una ducha, jabón y una cama. Mi ropa caminaba sola de la mugre acumulada. Encontré un hostel barato en el centro de la ciudad -es de la época de Tito pero al lado de los montes en que estado acampando, esto es como el Sheraton para mi- pensé. Mis pies estaban morados, hinchados. Mis piernas me hacían sentir cada paso, los músculos se contraían dando pequeñas punzadas de dolor, como avisándome de que debía reposar. Pero no importaba, porque ese es el tipo de cansancio que te dice que te sentís así porque estas en movimiento, porque estas tomándote el presente como lo único palpable. Es el dolor que ganas cuando viajas, cuando solo te importa seguir, conocer y vivir.


Sarajevo, alguna casa agujereada por las balas de la guerra.

2 thoughts on “DECISIONES (Parte cuatro de “Apuntes Balcánicos”)

  1. Nico, sigo con lo mismo, tus fotos son sencillamente espectaculares!!!! O tenés terrible cámara y no lo contás, o sacás terribles fotos (porque hiciste un curso o porque te sale nomás) o los paisajes son tan divinos que no hace falta nada más que un click. Sea cual sea la razón (sospecho que una buena mezcla de las tres) es EXCELENTE!!!!!!!!!! SEGUI ADELANTE SACANDO FOTOS!!!!!!!! (perdón por gritar) y por supuesto compartiendo tu camino con nosotros… Me gusta mucho como relatas! Buenísimo!
    Hoy me encontré ante una pregunta que me dije, Nico me la puede responder! Che, vos que has viajado tanto, sabés si es cierto que los termos se despresurizan (no tengo idea si se escribe así la palabra) en el avión? El domingo me voy a Sao Lourenco, Minas Gerais, Brasil; con el coro en el que canto y quiero llevar termo y mate… Necesito ese dato pa saber si llevo un termo común (digamos de los de vidrio adentro) o si puedo llevar mi termo de siempre (digamos de los de aluminio). Gracias por adelantado! Beso, Alicia

  2. 1. Las fotos no son culpa mia, es que ahí el paisaje es un disparate y es poner la camara (tengas cual tengas) y ya está.
    2.Ni idea lo del termo. Yo me traje y anda lo más bien. Lo unico que se es que luego de tres o cuatro horas arriba de un avión se me empiezan a hinchar los pies (pero a esa hora ya estoy medio copeteado con las cervezas y los whiskys que me tomé (en los vuelos que te can comida, porque los low cost de europa a penas si podes tomar agua del baño))

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