DE PÉRDIDAS Y DROGAS (Parte tres de “Apuntes Balcánicos”)

(Nota: esta es la tercera parte de una serie de cinco relatos sobre los balcanes Pinche Aquí para leer los demás. No sea perejil y sea feliz.) 
El Sol, rojo y más vivo que nunca, se perdía en el Adriático y desparramaba en el horizonte colores que contrastaban con las montañas que descansan a los pies del mar. Ya eran casi las ocho de la tarde y yo estaba sentado en un banco frente al mar con el diario y el lápiz en la mano, mirando ese regalo que la naturaleza me daba. Estaba viendo uno de los atardeceres más hermosos que había visto nunca. Lo había decidido: debía irme de la playa en busca de alguna ciudad.  La playa, había descubierto, es playa cuando se está acompañado, cuando hay complicidades y se puede compartir la monotonía del relax . Pasar las horas solo allí, con la compañía nada más que de tu otro yo, se me tornaba extremadamente pesado.


Fue así que al otro día salí para Sarajevo, que estaba más o menos a trescientos kilómetros. La ruta me iba a llevar por la costa montenegrina, un breve cruce por Croacia y luego hacia la entrada por el sur de Bosnia. Todo en autostop, solo y con la certeza de que era facilísimo viajar a dedo. Todo iba a ser en un día, pensaba llegar en la noche.

Nueve horas estuve para hacer cien kilómetros. 

Ese no fue un problema, sino que el camino se tornó un poco tortuoso. Si alguien me levantaba era luego de pasar dos horas haciendo dedo al rayo de sol, o haber subido montañas, siguiendo la ruta en busca de un buen punto para hacer dedo. Me paraban, me adelantaban diez o quince kilómetros y me dejaban, esperaba una hora y me levantaba otro diez kilómetros más. 
Ya estaba bastante cansado y haciendo el ejercicio de que hacer dedo solo era diferente de hacerlo acompañado, era más aburrido pero debía mantenerme motivado.  Hasta que las nueve horas me vencieron, mande el autostop y la filosofía del dedo a la puta que lo par y me tomé un bus, que por un euro me dejaba a diez kilómetros de la frontera con Croacia.


Autostop por las nubes, Literalmente

Todo ese caminito de la montaña lo hice caminando.

Cruce en Ferry
Me bajé del bus y pensé: -este sería un lugar difícil para tirar la carpa. Mmmmmm…pero que mierda? ¿Por qué estoy tan liviano? ¡No! Me estas jodiendo…la…la carpa. La Carpa! Puta madre y la rey de la concha de la lora! Dejé la carpa en el bus- 
Comencé a correr como un desquiciado. Había olvidado lo más importante de este viaje: mi casa. De cualquier cosa me podía olvidar menos de mi casa, la que me daba refugio cuando caía la noche. 
Le pregunté a un hombre donde estaba el Parking de Bluelines (nombre de la compañía de bus). 

Para abajo era la indicación. La carretera está hirviendo pero no importa. Corré hijo de puta, corré que si no estás frito; no tenés dinero para comprarte otra carpa, ni siquiera para pagar una cama. Corré. Ahí! Hay un parking. Puta, pero no es el que yo busco. Le pregunto a un veterano ¿Qué me dice? Tengo que doblar a la derecha y hacer un kilómetro más, la puta madre. Gracias veterano por la indicación. Seguícorriendo zapallo! Corré pedazo de un vejiga, corré! La carpa boludo ¿se puede ser tan banana en la vida? Una camioneta de Bluelines viene. Pará! Pará la camioneta por favor te pido. Pará. No sigas de largo la puta que te parió! Siguió de largo el sorete. La puta que te parió! Forro! Seguícorriendo Marrero. Dale. Si! ahí está! El Parking lleno de buses de Bluelines!-


–Sorry, i have a big big problem. I forgot my tent in this bus and I must to know if somebody found it- el veterano me miró y puso una cara como si yo estuviese hablando en chino. Me hizo señas y entendí que no sabía inglés. Debió haberme visto la cara porque enseguida llamó a una especie de persona más importante que se presentó y  me preguntó qué me pasaba.  

–La carpa, olvidé mi carpa en estos buses. Debo encontrarla, alguien la debe haber visto, por favor, ayúdeme. En este viaje esta carpa es mi vida- Comencé a decirle. Le describí al guarda del bus y la hora en que lo había tomado y donde me había bajado, mientras buscaba el ticket en todo el papelerío que tenía en mi morral. Comenzó a hacerme más preguntas. Me dijo que me tranquilice, que la íbamos a encontrar. Quince minutos más tarde di con el ticket y se lo entregué al hombre. Allí estaba el número de viaje. Media hora más tarde, se acercó el tipo y me dice: –encontramos tu carpa. En una hora hacen el cambio de chofer, así que te vamos a llevar hasta el bus y el guarda te dará lo tuyo- Ahí sentí que se me aflojaba la espalda y mi mente se liberaba a la tranquilidad. 

Ya era tarde y decidí quedarme en aquella playa, solito pero con mi carpa.

Playa donde dormí luego de haber encontrado mi carpa
Al otro día me levanté muy temprano para salir con el fresco de la mañana. 
-Hoy es el día, hoy llego  Sarajevo me dije
Dos horas después de haberme dicho eso seguía en el punto de partida hasta que me levantaron dos polacos en su auto lleno de polvo y mugre de la ruta. Comenzamos a charlar sobre esto y aquello, sobre los lugares visitados y la vida en general cuando llegamos al paso fronterizo de Croacia. –Estacione el auto- dijo el policía. Un gordo pelado que hablaba solo en croata daba las indicaciones y el otro flaquito traducía. –Saquen el equipaje- nos pidieron. Mientras observaba que el gordo pelado estaba muy enérgico, el flaquito nos dijo que pasásemos a las oficinas. –Bueno- dije yo –que ganas de hinchar las pelotas estos milicos- 

Nos hicieron pasar a una oficina y nos indicaron que debíamos pasar uno por uno, por separado a un cuarto contiguo. El Gordo pelado entró y me hizo señas que entrase con él. Cerró la puerta y me dijo algo en croata. Yo hice fuerza para entenderle.
 
Ah! La camisa, si ¿El qué? ¡Ah! Que me la saque, pero, pero…bueh! ¿así? ¿Qué me dé vuelta? Si, esta es mi espalda. Tiene pelos. No tengo bombas pegadas a mi estomago  ¿viste? ¿El qué? Eh…ah! Si, el short…no, no tengo nada, mirá los bolsillos vacíos, nada de nad… ¿cómo? ¿Me estás jodiendo? Que hijo de la gran puta! ¿es joda? Andá a cagar!!! Mirá gordo puto, mirame como me cuelga, la puta que te parió. ¿El qué? no…pará, ja ja…sos…sos un fantasma ¿Que me dé vuelta? ¿qué más da? mirame el culo, gordo y la recalcada concha de tu madre. Si… viste que peludito ¡Forro! No tengo nada mas que hemorroides ¡la puta que te parió! ¿Está bien? ¿Satisfecho? ¿Me puedo vestir? ¡Gordo hijo de puta!-


Cuando salí los polacos me vieron la cara y nos entendimos al instante. A mi me había parecido una situación, más que chocante, bastante bizarra: yo desnudo mostrándole el culo a un policía croata. 

Salimos de la oficina y se dispusieron a revisar todo el equipaje. Muy minucioso todo, hasta papelito por papelito en mi billetera revisaron. Yo ya estaba esperando terminar este trámite y seguir camino cuando veo al gordo pelado salir del auto con un frasquito blanco de esos donde se guardan los rollos de fotos y que también sirven… para guardar cuando uno tiene porro y la rey de la concha de la lora estos polacos pajeros que cruzaron una frontera como esta con porro arriba del auto. Yo no lo podía creer. 
–Les voy a pedir los documentos por favor y deberán pagar quinientos cincuenta euros sino van a ir a la cárcel- nos dijo el flaquito traduciendo lo que nos dijo el gordo pelado. 

Pero que manga de pendejos de mierda estos polacos, fumatela antes de cruzar…zapallo! estos países es obvio que te revisan de arriba abajo y que no te dejan pasar una y, aparte, son terribles corruptos- pensaba yo.

Esperamos una hora al costado de ese auto lleno de polvo y mugre. Los polacos llamaban a sus padres pero no contestaban. Sacaban plata del cajero y no llegaban ni a trescientos euros. Yo, por supuesto, no iba a pagar ni medio euro. Cuando vi la cosa en punto muerto comencé a hablar con los muchachos y les dije: Muchachos, todo bien, muchas gracias por parar y recogerme, los adoro, pero yo voy a ir a decirle al policía que ustedes me levantaron diez kilómetros antes. Que no tengo nada que ver-Ellos me dijeron que por supuesto y no paraban de pedirme disculpas. –Disculpas de qué ¿por ser tan bananas?- Yo, que me considero un banana bárbaro, a veces me sorprendo que hayan peores. 



Me acerqué al flaquito que hablaba inglés y traté de comenzar a hablar cuando me dijo sin anestesia: -Ah! No se loco, yo no se nada. No me importa. Lo único que sé es que VOS tenés que pagar trescientos cincuenta euros sino llamamos a la policía y vas preso. Y tus amigos quinientos cincuenta. Así que no me vengas a hablar-
-Pero esperá, dejame hablar- le contesté sin perder mi cordial sonrisa –yo estoy viajando solo en autostop, estos muchachos me levantaron diez kilómetros antes. Yo soy voluntario, vivo en Rumania y trabajo para la Unión Europea- le di color. 
El flaquito siguió parado firme, en la postura de milico que tiene el control. –bueno- me dijo ­–llamá algunos de los polacos que corroboren tu historia- Llamé a los muchachos, que le dijeron lo mismo que yo.

A los quince minutos llegó el flaquito con mi pasaporte y mi identificación de residencia rumana y dijo: ­­-Vos, te podes ir. Ustedes dos no- dijo mirando a los polacos –Me tienen que dar quinientos cincuenta euros sino van presos- 

Mientras dejaba atrás el puesto fronterizo seguía viendo como el flaquito, con el gordo pelado a su lado, y los polacos dibujaban números en el polvo y la mugre del auto para dar con el precio de la libertad. 



Sarajevo, al final llegué pero eso es otra historia

2 thoughts on “DE PÉRDIDAS Y DROGAS (Parte tres de “Apuntes Balcánicos”)

  1. Nico… perá… este es el mismo cuento que ya leí escrito más extensamente, o esto te pasó dos veces? Digo lo del porro? No te puedo creer!!!! Dos veces el mismo problema? Chau, tenes una mala suerte! Ahora, las fotos de la playa… son pornográficas! como decís vos! jajajaja! Quiero estar ahí ahora!!!! Acá tenemos 5º aprox prrr… Beso, Ali

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