LA MAGIA GRANAINA

Bueno, muchisimo ha pasado desde que usted (si! usted, mi único lector) leyó el último post. Muchísimo más tiempo ha pasado desde que había quedado en la frontera de República Checa rumbo hacia Austria. Pues bien, quédese con la intriga de como hicimos mil kilómetros en unos días y casi sin dinero. También sepa que a los cinco días de haber llegado a Rumania, volamos hacia Italia por una semanita. Pero también ahora se quedará con la duda (si es que se la genera) (digamos que no es muy intrigante no saber algo sobre mi vida y estos viajes).

Lo que me convoca es que hace un par de días que he llegado del sur de España. 


Fui a parar allí tentado por unos buenos amigos que residen en Almería y Granada y ante la insistencia de que los vaya a visitar (bueno, insistencia insistencia no fue. Todo salió de una charla de bar de como eran sus vida en España y les dije: “que bárbaro! tomarse una cerveza por un euro y medio y que te den la comida gratis!” y ellos me dijeron: “tenéis que ir”, y como yo no soy muy difícil pa decir que no en cuanto de viajes se trata, les contesté: “ta! voy en junio que es verano y es más barato”. No hubo mucha más discusión al respecto) (perdón por el paréntesis tan largo) (ah! ¿se había olvidado que era entre paréntesis? yo si) (y perdón por cerrar un paréntesis y consecutivamente abrir otro) (y así sucesivamente).

Almería, divino (podés leerlo acá). Lo que me convoca es dedicarle unas coplas a Granada. Pero como yo soy muy malo escribiendo en métrica y en rima, me limitaré a lo mio: meter palabras desordenadas y caóticas sobre algo.

GRANADA
Lo que uno imagina o puede llegar a imaginar de la cultura de Andalucía lo puede encontrar en Granada. O no, eso depende lo que uno imagine: si se piensa que verá rubias de trenzas y faldas a cuadros con una jarra de cerveza en cada mano, estará muy decepcionado con lo que encontrará. 
La cuestión es imaginarse bien la cosa a priori (o si no, puede usar google). 

Así que eso, no encontrará esas rubias de trenzas que incitan a tan impuros pensamientos sino gitanas de largos vestidos, bailando y zamorreando el paso; a veces locas, a veces sensuales, a veces violentas
Y el cantaor, que grita sin gritar y carraspea con su voz melodías que te penetran en la médula espinal y te empieza a invadir una emoción hacia su música, el baile y la fiesta. 
Las guitarras van rasgando con una rítmica violencia que te va perturbando la chatura y empieza a dibujarte esa sonrisa de goce ante esa atmósfera tan intima, tan intemporal. 


Salón de bares de Flamenco.

Cuando salís de ese trance, te pedís otra cerveza porque te dio hambre. Sabés que una caña o un tubo (cerveza que cambia de nombre según el largor del vaso) o el tinto de verano  (vino de mala calidad, Casera de limón (es como una Sprite pero de color amarillo y con gusto a limón, obvio) y mucho hielo) siempre vienen acompañados por comida, y de la buena: paella, jamón serrano, papas, huevo, carne, y un montón de etcéteras que me hicieron dudar si en verdad había crisis en España. 
Las “tapas”, tan famosas y promocionadas, su tamaño son inversamente proporcionales a la importancia del punto en donde esté el bar. Por tenés que ir a los pueblitos adyacentes donde te la pasś comiendo y tomando por precios de baratos. Baratísimos. Conversás con el veterano que te atiende, te hace algún cuento de alguna leyenda de alguna gitana que la dejó y que por eso se puso a cantar y ahí te tomás otra copa y otra tapa y seguís conversando y tomando y cantando hasta el infinito. 


Pero Granada también destaca por su estética. Los colores pasteles claros; en tonalidades que van del blanco, pasando por el amarillo y marrón, hasta llegar a un rojo casi de ladrillo;  van pintando a la ciudad de una manera singular (está bien! como si supiese yo de gamas de colores y toda eso de la disciplina de la “Estética”). 

Busque en wikipedia por más información, pero más o menos se sabe que Granada fue el último bastión moro en España y La Alhambra, su último reducto. Este castillo se posa en lo alto de una montaña y derrama bajo ella a toda la ciudad. Así vas subiéndola (o bajándola,  según de donde se salga) por callejuelas empedradas, descubriendo rincones que llegan a ser obras de arte más que casas, salones flamencos y coleccionando fotos de vista de toda la ciudad (esas que todos sacamos y ponemos de portada de Facebook).


En fin, más o menos eso me pareció Granada. También tuve la suerte de tener a la paisana de la Mari, que me llevó a conocer infinitos rincones de su tierra. Como siempre sostengo (y esto no lo inventé yo, no se vaya a pensar que soy tan fenómeno)  los lugares los construyen las personas y dependiendo con quién nos rodeemos en el descubrir nuevas culturas, será nuestra impresión y lo que nos llevemos de ella. 


La Mari, una de las personas más naturalmente graciosas que uno puede encontrar en el camino


¿Ve la sombrita que corta el camino antes de llegar al molino?
Parado sobre ella, estoy yo  ¿Eh? ¿qué me dice?


Aquí uno puede tomar agua, cada orificio emana un agua de distinto sabor
(si, yo también pensaba que el agua tenía gusto a agua y nada más)


Comilona española


Y esto es una pequeña cascada un un pozo, que cuando uno va bajando parece
que va entrando hacia esos mundos donde en los bosques habitan
Hadas, Elfos y Magos…increíble
(eso, o los porros que me fumé arriba del árbol ese que mostré en la foto de más arriba).


http://eepurl.com/bzEue9

3 thoughts on “LA MAGIA GRANAINA

  1. Ja,si…me faltan esos dos meses. Pero los haré más adelante. Termino con España, me voy de vacaciones (otra vez) y cuando vuelva ya actualizaré todo.
    Como te despedia un peluquero de mi pueblo cada vez que te ibas a cortar el pelo: "gracias por venir"
    Beso!

  2. De nada!
    A mí una vez un señor al cual fui a supervisar una encuesta, cuando trabajaba ya sabés donde… me dijo al irme "vuelva siempre" ¿¿¿???? Buena onda el viejito!!!!!!

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