THOMAS LANDI

Al contrario de lo que me pasó con Luxemburgo, la vez que había estado en Ámsterdam tenía la certeza de que debía volver. Su diversidad, su vida, sus canales, su arquitectura, su zona roja, sus coffe shop y su magia me habían hipnotizado como ningún otra ciudad europea. Fue así que cuando planificamos este viaje con Vero vimos que ésta ciudad estaba a cuatro o cinco horas a dedo de allí y ni siquiera lo pensamos: debíamos volver.


Con el tiempo Rodrigo, el otro uruguayo que vive con nosotros en Rumania, se sumó a esta gira con Marine, una amiga francesa que también comparte el proyecto nuestro. El plan fue encontrarnos en Ámsterdam y de allí pasar por Roterdam, tomar un Low Cost hasta Praga y bajar a dedo hasta tierras rumanas.
Poco puedo decir de Amsterdam que no haya dicho ya cuando estuve la primera vez. Aunque esta vez el contexto fue un poco diferente ya que nos alojamos por Couchsurfing en la casa de una persona que vivía allí.  Usted conocerá su historia a continuación. He decidido poner en el medio algunas fotos que no tienen mucho que ver con esta vivencia para que no se abrume de tanta letra sin sentido.

Thomas Landi era su nombre y nos alojó a los cuatro. En su foto de perfil aparecía desnudo y se describía como una persona naturalista, director de cine, músico y de mente abierta. Dijimos: bueno, será una linda experiencia conocer alguien así. Cuando nos respondió por la positiva de alojarnos nos invitó a una fiesta llamada algo así como “La pipa de la paz al desnudo”. La cosa consistía en fumar, establecer un clima de relajación, paz y armonía; como una terapia para descubrir otras maneras de vincularse con el entorno. La idea sonaba muy hippie, muy loca y muy trasgresora.
Luego de pensarlo y saltear esos filtros culturales que hacen al cuerpo y su Tabú, le dijimos que sí. Pero había que ver cómo nos sintiéramos en el momento.


La casa de Thomas Landi estaba completamente vacía, una mesa, un sillón, dos platos, tres cubiertos, un piano y una laptop. En todo momento, en los días que estuvimos, él estaba frente a la computadora.
Para empezar, la primer noche en que llegamos nos sentó a los cuatro y empezó a hacer preguntas estilo entrevista de trabajo ¿qué hacían en Uruguay? ¿nos conocíamos antes? ¿por qué viajamos? ¿son felices? ¿qué quieren para su vida? Cosas de ese estilo se pueden ir preguntando en una conversación natural, en forma de dialogo y sin hacer sentir al receptor  oprimido por la atomización de preguntas.
Entre pregunta y pregunta, él se insertaba en su laptop, escribía y entraba a páginas porno. Si, a páginas porno estando nosotros ahí. 

A todo esto el dice –bueno, yo soy director de cine. Hace quince años hice una película ¿quieren verla?-  A lo que nosotros le dijimos que sí. La cuestión era que la “película” eran una serie de entrevistas a gente naturalista, todas puestas juntas y sin un hilo conductor que les diera coherencia.
Luego empezó a hablar de su vida de músico -yo hace un tiempo estoy trabajando en mi disco. Tengo tres canciones. Se las voy tocar– Puso la pista de fondo y se sentó en frente al piano. Tecleaba una nota y frenaba. Tocaba otra nota y se frenaba. Intentaba entrar a tiempo y el desafine se mezclaba con la pista que ya había empezado hacía cinco minutos. –Estoy duro- decía. Intentaba otra vez y nada, el dedo índice se peleaba con el dedo mayor al querer hacer el Do sostenido en séptima. Thomas Landi empezó a cantar encima de una pista que ya estaba a punto de terminar y del piano que aparentaba sonar una melodía melancólica. Las tres cosas estaban totalmente a destiempo y él cerraba los ojos, cantando como si de fuese Freddy Mercuri. Nosotros nos mirábamos, no decíamos nada pero nuestra cara era suficiente para comunicar el momento extraño que estábamos viviendo.
Llegó la hora de acostarnos y cuando estábamos los cuatro en la misma habitación, dijimos a la misma vez: -yo no me desbolo frente a este tipo ni muerto-. El problema se convertía ahora en decírselo, quién se lo decía y cómo.

Al otro día nos encargamos de salir temprano en la mañana y volver tarde en la noche. Esta situación, personalmente, me incomodaba. Porque Couchsurfing es más que un hostal gratis. La filosofía pasa por compartir momentos con quien te aloja. Claro que está todo bien cuando estas de viaje y el ansia por conocer los lugares te lleva a pasar horas y horas en la calle, vagando y disfrutando. Pero yo sentía que no era muy lindo hacer todos los días los mismo, sin tener espacios de intercambio con nuestro anfitrión (por más que ya habíamos llegado a la conclusión de que le faltaban algunos jugadores en la cabeza)


En la mañana desayunamos mientras Thomas Landi cantaba, eruptaba y se tiraba pedos (y con ruido). En cierto momento yo me quedé solo en el comedor, Rodrigo en el baño, Vero y Marine en el cuarto. Thomas Landi se me acercó y me dijo: -Mañana yo me tengo que ir a las cinco de la mañana porque tengo que ir a ver a mis hijos, por lo que está noche no podremos hacer la fiesta de la paz. Así que la haremos mañana en la noche. Ya le dije a un amigo para que venga. Porque, además, mañana es su última noche aquí ¿no?-. Yo quedé helado. Era el momento para decirle y me había tocado a mi empezar la conversación. -Bueno, mirá: Yo no creo que participe-le respondí -porque no creo que pueda estar desnudo frente a otra gente- La cara de Thomas Landi empezó a ensombrecerse -Fijate que debo saltar muchos filtros culturales para llegar a un estado de desnudez en un ambiente con otras personas-. Empecé a dibujarle el discurso, a hablarle de Foucault y las tecnologías del Yo, de como uno hereda bienes culturales que nos preceden y estructuran nuestra psique y que se yo más estupideces de ese estilo. Thomas Landi empezó a hablar más alto, diciendo que no era nada sexual y que mucha gente lo había hecho en su casa y que estaba todo bien; que muchos pensaban mal de eso porque tenían una mente cerrada -no, no…yo soy muy de cabeza abierta, pero el problema es conmigo. No tenés nada que ver vos- le mentí.
Allí, me empezó a preguntar si la otra gente pensaba lo mismo o estaba hablando solo por mi. -Eh…creo que piensan igual, pero no lo se. Preguntales- Y ahí me deslinde de seguir hablando. Thomas Landi, ya en un ataque catatónico, salió desesperado a preguntarle a Rodrigo -Rodrigo, Rodrigo!!! Tu me dijiste que estaba todo bien y querían participar! Y ahora me dicen que no!- Rodrigo le contestó con un tono de voz poco convincente que no tenía problema, que participaba. –¿Y las muchachas? ¿van a participar?- le preguntó -No lo sé, pregúntales- le dijo Rodrigo.

Todo lo necesario para no pasar hambre
Thomas Landi, agitado y tembloroso, fue al cuarto. -Chicas ¿ustedes van a participar? ¿verdad?-. Marine empezó a decirle que no se sentía conforme con su cuerpo, que se sentiría incomoda y un sin fin de cosas más. Vero simplemente le espetó -No, no quiero- sin explicación alguna, dándole  entender de que no molestara más con respecto a eso.
-Bueno, tal vez si tu participas Rodrigo, las muchachas se animan luego-, terminó diciendo. A lo que posteriormente comenzó a decirse –no puede ser ¿por qué? ¿cuál es el problema?-. A partir de allí lo perdimos. Se sentó en la computadora y nunca más volvió a la realidad. No nos hablo ni nos cantó más (esto último fue muy beneficioso para nosotros) (pero algún pedo se tiró).

Nos fuimos y volvimos en la tarde. Hablamos y decidimos, por lo menos, hacer una cena para comer todos juntos. Le dejamos una carta en su computadora que llegábamos a las ocho de la noche y le prepararíamos una comida uruguaya. Compramos cereza, chips y todo lo necesario para hacer una tortilla de papas con ensalada. Llegamos y ahí estaba, sentado en su laptop. No dijo ni hola. Yo me acerqué y le comenté que iba a preparar la cena. El cartel ya no estaba, por lo que deduje que lo había leído. -No, gracias. Ya cené- me contestó austeramente y volvió su mundo virtual. Entre los cuatro nos miramos y nos fuimos al cuarto, abrimos las cervezas y nos comimos los chips.
La decisión estaba tomada: nos íbamos a las cinco de la mañana cuando él saliera. Nos comunicamos con nuestro contacto en Róterdam que íbamos un día antes. De todas maneras, yo hice de comer para los cinco y fuimos para el comedor donde Thomas Landi se encontraba. Le dejamos su plato y le pedimos para comer ahí con él.

Ahora debíamos decirle que nos marchábamos. No recuerdo, pero alguien comenzó a hablarle y el engranó una conversación un tanto loca con cosas de que la Reina de Holanda pertenecía a un grupo de poder que dominaba el mundo y su base quedaba en el centro de la tierra. Seguimos hablando de cosas sin sentido y luego dimos el giro necesario para decirle que nuestros amigos de Róterdam nos habían pedido si podíamos ir un día antes para poder estar más tiempo juntos (obvio que era mentira). Thomas Landi empezó a decirnos -No, Róterdam no es linda. Es muy nueva y no tiene nada que ver con el espíritu holandés. Si quieren conocer una ciudad con ese espíritu deben ir a Delft– Le preguntamos donde quedaba y nos contestó que estaba en el camino a Róterdam –Genial- le dijimos -Entonces podemos ir mañana temprano a Delft, pasar el día e irnos en la noche a Róterdam. Está decidido, hacemos eso-. Thomas Landi comenzó colapsar en sí mismo y ya resignado nos preguntó con un tímido tono -entonces ¿se van mañana?-. Le contestamos que si, estuvimos dos minutos más con él y aprontamos los bolsos y nos fuimos a acostar.

En la mañana nos levantamos, no desayunamos, le dimos la llave, nos despedimos y salimos casi que corriendo. Eran las seis de la mañana y Ámsterdam recién amanecía. Ni un Coffe Shop estaba abierto. Pero allí estábamos nosotros, libres de Thomas Landi, sus pedos, su fiesta de la paz y sus canciones.


En Ámsterdam uno puede morir, muchas veces.





3 thoughts on “THOMAS LANDI

  1. Muy loco! Bueno, pero no tenía comentarios al respecto en el perfil de CS? Hay gente de todos los colores y para todos los gustos. Debe haber sido muy fuerte el momento con las situaciones! Igual, sirve como para acordarse y reírse un poco, no?
    Me gustó mucho la historia!

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