REPÚBLICA CHECA Primera parte

Luego de Roterdam, ciudad construida bajo los escombros de las Segunda Mundial y remodelada con grandes edificios y calles súper modernas que nada tienen que ver con la arquitectura holandesa (en eso tenía razón Thomas Landi), tomamos un vuelo hacia Praga, República Checa.

¿Qué decir sobre este país?

Fueron días donde cada paso significaba un nuevo asombro, cada fotografía equivalía a una pintura y cada suspiro sumaba a aprender para querer más y más esta parte de Europa.  

República Checa, se dice, pertenece a la Europa del este. Yo, que estoy viviendo en esa parte europea y he visitado algunos paises de la región, puedo asegurar que nada tiene que ver con el bloque que alguna vez estuvo bajo la fuerte bota del comunismo. Pero, a la vez, poco tiene que ver con la Europa Occidental. Sin embargo allí está, en el medio. Como en un limbo que te hipnotiza y hace que no quieras irte nunca más para ninguna de las dos partes.

Es tan particular y único este país que hasta tuvo algunas singularidades en su historia reciente. Para saber, Praga no fue tan destruida por la Segunda Guerra Mundial (al menos eso nos dijo el guía del Free Tour de Praga; que, a propósito, es muy recomendable hacer los Free Tour a lo largo de las capitales europeas. Uno le deja una propina chiquita y te recorren por tres horas a través de los principales puntos históricos; dándole voz a cada calle, plaza o puente, llenando de historia a sus edificios y monumentos). 
El haber quedado casi ilesa (salvo por un bombardeo de los yanquis “por error”, como de costumbre) permite a la ciudad tener su arquitectura casi tal cual fue construida en su época y mantener vivo el espíritu de tantos siglos, sin reconstrucciones y copias, que muchas veces, distan de lo que fue el original.



A su vez, en la época del Comunismo (no sé porque mierda siempre lo escribo con mayúsculas), Checoslovaquia fue un país “abierto” a muchas cosas que pasaban en el mundo. En los sesenta, en pleno auge del Flower Power, el presidente de turno (cuyo nombre no recuerdo) permitió la expresión libre en la calles de artistas, músicos, pintores y toda la gama que a uno se le pueda imaginar de esos locos que optan por salir al aire libre a expresar sus cualidades. Claro que esta política, a contra pelo del eje ideológico de Moscú, tuvo sus repercusiones en la cúpula Soviética, por lo que la respuesta de desagrado no se hizo esperar y desembarcaron con sus tanques, su armamento y su milicia para poner a raya a los checos que tan libres y felices se sentían. ¡Mira si le iban a permitir expresar las ideas así nomás a estos espías del Capitalismo!



Praga tiene una magia que, nuevamente, se me escapan las palabras para describirlo. Te arrolla con su personalidad y su identidad tan marcada, tan presente. Cada espacio, cada edificio, cada puente y cada calle tiene su historia particular, profunda y añeja. La suma de estas partes la convierten en un todo alucinógeno, mágico.
Claro que no es solo la mera suma de las partes que la hacen ser lo que es, porque todo se amalgama y entremezcla, dibujando una atmósfera casi de ensueño, onírica. 

Te dejas llevar, sin mapas ni direcciones y descubrís rincones de otro universo, colores inimaginables y señales que te indican que estás perdido pero no importa, lo importante es dejarse llevar (como una ratón de dibujos animados siguiendo el aroma del queso). Así caes en su encanto y vas de aquí para allá con la boca abierta, sin poder creer que una ciudad entera sea una obra de Arte.  



Por si todo fuera poco, está llena de bares donde uno puede encontrar la mejor cerveza que se puede tomar por estos lados. Y, sobre todo para estos viajeros de presupuestos chicos, barata, muy barata (a razón de un euro el medio litro de cerveza en jarra). Sin duda es la mejor relación calidad-precio que uno puede pedir. 
Es que tienen una gran tradición cervecera. Históricamente cada familia elaboraba su propia cerveza. Hoy, donde el mundo es un poco menos tribal, existen un sin fin de fabricas (chicas, medianas y grandes) que hacen de la variedad un aumento de la calidad y una baja del costo al consumidor (pienso que será así, porque entiendo más de física cuántica que de economía y leyes de mercados).


Hasta un Spa de cerveza tienen
No recuerdo el nombre de este puente pero estaba llenos de estatuas de este estilo
El sol que quería asomar

Así, vagamos cuatro días por la capital y luego nos movimos a Lysa nad Labem, una pequeña ciudad a cuarenta kilometros de Praga. Nos recibió Antonio, un checo amante de todo lo que tiene que ver con America de Sur, tomar empedernido de mate y productor de dulce de leche. Pero eso será otra historia. Quedes con la intriga (si es que este relato sin importancia lo genera)


No recuerdo monumento a quién, pienso que es a Lord Sith (el malo de Star Wars)
(chiste frikie)

Monumento a Kafka, ese genio depresivo que dibujaba con palabras.

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