BUDAPEST: Entre la belleza y lo prohibido

-Esta entrada fue hecha a principios de febrero. Por alguna razón este post fue eliminado (no se si por mi accidentalemente o por el seños Blogger). Me parecía bueno publicarlo nuevamente.-

En Hungría está prohíbo hacer autostop, ser indigente, subirse a estatuas, hacer ruido en el Metro, cruzar la calle donde no está señalado cruzar, sentarse en el banco del aula antes de que el profesor y, por supuesto, estar sentado cuando él entra a la clase. Habían prohibido la homosexualidad y su Marcha del Orgullo Gay, pero esta medida fue levantada porque queda mal visto en la Unión Europea. A la vez, en la nueva constitución está explicitamente prohibido el matrimonio homosexual.


El presidente electo en el 2010 llegó al gobierno escudado en un discurso ultra nacionalista, amparado en la eterna sabiduría de Dios, la cristiandad y el patriotismo. Incluso en el Free Tour la guía nos cantó los dos himnos que tienen (tan hermosos en sus textos y en su composición musical); nos habló del orgullo de tener su propio idioma único en el mundo; de ser los inventores del bolígrafo, el bus articulado y el cubo Rubrik (inventos estos tan esenciales para el devenir de la humanidad); aprendimos sobre la Opera y como no pudieron hacerla más grande para que sea la numero uno en Europa por restricciones del anterior Emperador Austro-Húngaro (porque los Austriacos eran los que tenían bajo su égida al pobre pueblo húngaro). A la vez, el arquitecto que la construyó fue el más importante de su época y se las ingenió para que parezca más grande. Muy orgullosos de esa celebridad están ya que hizo un puente colgante revolucionario para su época y una longitud abismal.
Puente camino a Buda
Así fue mi figuración de Budapest. Muchas veces debía hacer el trabajo de desanclar mi subjetividad y tratar de ver con otra cabeza el contexto que me rodeaba: Un Nacionalismo que rozaba el fanatismo. Una ciudad que te deja sin respiración por su belleza y a la vez te cruzas con más policías en la calle que gente. “-Y eso que odian la época Comunista-“ pensaba yo. “La era del terror” la llaman, no exentos de razón pero casi reproduciendo ese sistema tan vertical, policiaco retrogrado e intolerante.


Observese la señal de Silencio.
Metro de Budapest
Vista desde Buda hacia Pest
Resaca de una Monarquía que dejó como legado enormes palacios, iglesias, edificios y estatuas, la ciudad se parte en dos gracias al Danubio. Por un lado está Buda y por otra Pest. Esta última es plana, con grandes edificios del estilo neoclásico; gigantescos, grises, algunos casi en ruinas, otros restaurados con enormes pilares con formas de dioses o guerreros. La Avenida principal, copia del  Les Champs-Élysées francés, parece sacada en una película parecida a esas que pasan en Cinemateca un martes a las 17.10 en Carnelli cuando los festivales de algún país europeo del este o algo parecido. Quien erigió esa calle fue un político exiliado en la guerra con los Habsburgo (Austria) a mitad del mil ochocientos y vivió mucho tiempo en Paris. En su desexilio fue el primer Primer Ministro de Hungría y construyó una avenida en honor a esa ciudad. Personalmente me gustó mucho más la imitación que la original, porque la de Paris no es más que la exhibición de ese glamour vulgar que tan orgullosamente ostentan las clases altas del mundo, con árboles cortados de manera cuadrada, lleno de turistas y autos que corren sin parar. La de Budapest está libre de todo ese artilugio. Nada de hueso ni grasa: todo carne. Austera, gris, casi rayando la melancolía. Como uruguayo, que disfruta un poco de eso grisáceo, no fue muy difícil conquistarme.
Algún monumento de Pest
Dueña de una arquitectura de alto nivel, Buda, se posa en un terreno totalmente distinto al de Pest. Entre sierras y elevaciones (que ellos llaman Montañas ¡mirá si se van a andar achicando!) se puede ver a simple vista sus Iglesias de épocas anteriores, el palacio real que hoy es una biblioteca (creo), escaleras que van por diversas direcciones y portales gigantes que sirven de entrada a diversos puntos. Parece increíble su contraste con la otra parte de la ciudad, desde Pest uno lo mira a Buda y parece un espejismo o una proyección de otra parte del mundo. Último bastión de la invasión Nazi en la Segunda Guerra Mundial, fue destruida por completa. Fue restaurada en una cien por ciento. Todo lo que uno ve es una imitación de lo que fue. Yo no logré llegar a ese nivel casi abstractivo que implica figurarse que ese puente colgante no es el original, ni el palacio real, ni la iglesia de no se qué santo, ni los grandes portales ni nada. Aún así, la magia que trasmite hace olvidar ese hecho y te transporta a diversas épocas de su existencia.

De fondo, Buda
Así, lo prohibido se tapa con la curiosidad y fascinación que despierta el contraste de estas dos regiones y el juego visual que nos regalan. Mientras uno se para a ver algún edificio, lleno de historia y significaciones, una horda de policías y cámara siguen tus pasos. Expectantes.

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