CLUJ

Era jueves en la tarde, aburridos y luego de pasar unos días un poco complicados porque Vero había tenido que estar en el Hospital, decidimos irnos a Cluj. Por tercera vez íbamos a estar en esta ciudad tan viva y con una oferta cultural bastante amplia.

Cluj-Napoca (tal es un nombre completo) es la capital de la región de Transilvania. Nombrar esta región es remitirse a las películas de Hollywood y sus cuentos de terror, aunque no he podido ver ni vampiros ni hombres lobos (aún).
Esta región alguna vez perteneció al Imperio Austro-húngaro. Más precisamente fue conquistada por el Reino de Hungría hace cientos de años. Luego de la Segunda Guerra Mundial, donde este Imperio se disuelve, pierde este vasto territorio a manos de Rumania. Han pasado casi cien años y en Budapest se sigue escuchando la voz del “robo” (sic) que perpetuaron los rumanos. Es así que a lo largo de esta zona hay mucha presencia de habitantes de origen húngaro, mucha arquitectura que data desde que los germanos levantaban ciudades y las tradiciones se insertaban en la medula espinal de las culturas locales.


Vista cuasi-aerea de una parte de Cluj



Catedral de Piata Uniri
Si usted quiere más información puede buscar en Wikipedia o en algún otro sitio de internet, pero si quiere sentir la cercanía de la magia de este lugar debe venir .  Cierto es que Rumania es un país para estar mucho tiempo viajando porque está inundado de una historia que aún se puede tocar y vivir, lleno de una naturaleza gigantesca y paisajes increíbles; pero se necesita tiempo. Si piensa en venir a Rumania por pocos días esta es la región para visitar. Muchos, a veces con el objetivo de conocer algún país, elegimos ir a las capitales y es en contra de esa concepción que le digo: no elija Bucarest, vengase a Cluj; la va a pasar mejor (opa! se podría usar de slogan (inclusive su utilización es fiel  a las reglas de la publicidad: mato al competidor para posicionar mi producto)).
Teatrul National (ese “ul” es el articulo que se inserta en el Sustantivo,
la traduccion es “El teatro nacional”) (Tal es así que la pelicula “El Hobbit”
se llama “Hobbitul”…un asco)

Me perdí. Que estaba diciendo. Ah! Claro! Nuestro viaje.

Salimos el viernes en la mañana (a las diez y media, eso es la “mañana” de un voluntario) en autostop. Esta opción de viaje es casi la única que utilizamos para movernos ya que Rumania es un país donde no se está más de diez minutos esperando que algún vehículo pare. Además que este medio de transporte es una escuela impresionante de cultura y son las mejores lecciones de idioma rumano que uno puede encontrar. El bus demora cinco horas en llegar, nosotros llegamos en cuatro y media.

Cluj-Napoca es una ciudad en el que viven, aparte de los trescientos cincuenta mil habitantes, ciento cincuenta mil estudiantes universitarios de todas partes de Europa y el Mundo. Esta particularidad inunda a Cluj en un mar cultural extremadamente heterogéneo (para lo que es el general de Rumania). Es una ciudad que vive la noche y el día a la par. Muchas actividades se llevan a cabo los siete días a la semana y muchas veces uno no distingue un martes de un sábado, por ejemplo.
Una ciudad con esa cantidad de jóvenes hace caer por su propio peso el hecho de que hayan tantos bares, espacios de esparcimiento (no se muy bien que quiere decir esto, pero englobaría: plazas, conciertos, ferias, tiendas, bares (que lo había puesto en una categoría a parte pero bien se podría incluir aquí) (así que olvídese de la primera caracterización y empiece en la de “espacios de esparcimiento”)), aeropuerto (los nenes deben ir a visitar a mamá y papá), y un gran etcétera que sirve para cerrar este circulo de caracterizaciones porque no se me ocurre que más poner.
En la noche.
De izquierda a derecha: Marine, Alí, Vero, Vivi, Yo

Así, pasamos las dos noches que estuvimos de fiesta en fiesta, conociendo a mucha gente colega (o sea, otros voluntarios que lo que hacen en Rumania es salir, viajar, dormir y emborracharse) y disfrutando de bares como el “Janis” que tiene un Pub ambientado con todos los clichés hippies que uno se pueda imaginar pero calzan justo para crear un ambiente para la noche, las conversaciones, la euforia del baile y el relax de rincones como el que se llama “Vama Veche” (playa hippie del Mar Negro rumano) que el suelo de arena de playa y el aire hace recordar a la brisa marina.

¿Está esperando un cierre a este post? La verdad que lo pensé y no se me ocurrió nada lindo para decir que concluya esta crónica. Así que la vamos dejando por acá, ando muy cansado como para seguir pensando (a mis treinta años salir dos noches seguidas de fiesta requiere una recuperación de varios días)

En “Janis Bar” no andan con medias tintas

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