SOFIA, primera parte de la segunda parte

“Les negaron la Visa” nos avisaron desde la Asociación. Fue como el broche de oro para un viaje con tantos inconvenientes. 
Luego de unos días de habernos presentado las distintas posibilidades que habían para solucionar el tema (una de las peores era irse a Valencia por tres meses para luego volver a entrar a Rumania) (sí, esa era la peor opción) nos dijo Catalin, el Jefe, que había sido un error administrativo en los contratos y las fechas y no sé qué enredo más. “Van a tener que ir nuevamente a Sofía a hacer el trámite otra vez”, nos informó.
Pues bien, era como dar por terminado el partido antes de que se jugase el segundo tiempo de aquel primero tan mal jugado. Era como decir: “está bien muchachada, buen intento. Perdieron. Pero pueden jugarlo otra vez. No pasa nada”. Muy bien, pero la lección estaba aprendida: no íbamos a ir en auto a las apuradas. Fue así que optamos por ir en Tren.

Coincidió el viaje con el cumpleaños numero veinte de Rodrigo. Todo un niño

Llegamos a Bucarest, luego de un viaje sin complicaciones (salvo que le pedí a Vero que comprara comida para el viaje y se apareció con Rocklets y gomas masticables ¿a quién se le ocurre que eso sea comida?). En la noche llegamos a Gara de Nord, estación central de Tren. Con su estética de los viejos años de la Guerra Fría, matizado por un luminoso McDonald’s, las tenues luces nos regalaban un encanto oscuro, pisos gastados y desarmados por el desgaste de la vida. Lo envolvía una atmósfera cual película en Súper 8 del aquel Cine Europeo que pasaba Cinemateca un Lunes a las cinco de la tarde (perdón aquellos que no-uruguayos que están leyendo esto y se preguntan que mierda es Cinemateca).

23.15, Vía 5. Tren Bucarest-Sofía.

Diez horas de viaje, aburridos.


¿Qué decir del Tren? Solo puedo acotar que era eso que se están imaginando: de algo hecho en una Europa del Este dominada por un algún Régimen Comunista en los años setenta u ochenta ¡Divino! Los asientos no se reclinaban, eran de un tapizado un tanto felpudo pero duro a la vez, el ruido de las ruedas y el andar hacían chillar los rieles; los baños no eran mejores,  quien haya visto la película Trainspotting me entenderá. En la noche los guardias te despertaban para pedirte el ticket, justo un poquito después de que hubieses encontrado acomodo y pudieras dormir un poco. Aunque para ser justos no sé cómo me las arreglé pero dormí todo el viaje, de ida y de vuelta, teniendo en cuenta que mis piernas, generalmente, son un largo problema cuando se trata de viajes extensos y con poca movilidad.

Durmiendo. Había que hacer malabares para
encontrar una sana posición


Al llegar a la estación de tren de Sofía tenía unas ganas mortíferas de ir al baño. Lo busqué y cuando lo encontré me vi en la sorpresa que había que pagar 0,5 levas para usarlo. Allí fui a un cambio, caminando con mi vejiga y mi estomago reventando, como caminando medio agachadito con las rodillas pegadas y con cara de haber comido un caramelo ácido. Luego de hacerme de unas pocas Levas (ya que cambiar el dinero en estaciones o aeropuertos siempre es mucho mas caro que en cualquier otro lugar) me dirigí nuevamente al baño. Pagué y la mujer me dio un pedazo de papel higiénico  de unos cuarenta o cincuenta centímetros (lo que equivale a unos cuatro o cinco pedazitos si los cortáramos en su respectiva linea de corte) ¿que carajo iba a hacer yo con tan poco papel? ¿como sabe esta gente cuanto necesito? ¿acaso si precisaba más debía pagar otras 0,5 Levas? Me sentí estafado y limitado en cuanto a la cantidad que debía expulsar en relación al papel que me habían dado. Por suerte, y eso es una cosa que uno va aprendiendo en la vida (la sabiduría que dan los años ¿vió?) tenía conmigo un suculento rollo de papel higiénico.
La botella de agua, el lápiz y el papel, y el papel higiénico son cosas que no me faltan nunca en mi bolso de viajero.

Verán el alfabeto utilizado por esta parte del mundo.
Abajo verán como hay alfabetos universales.

Parque en algún sitio de Sofía

Me ahorraré los detalle del trámite en la Embajada, el como llegamos y la espera, la caminata de dos horas al hostal (linda caminata por cierto, porque una de las mejores cosas de estar en un lugar desconocido es eso justamente: que es desconocido). Hasta ahí todo normal. Finalizamos un trámite complicado (puesto que debíamos hablar en rumano, cuando nuestro vocabulario rumano no pasa del 0,5%). Ahí se terminaría la historia.

Pero no. Sofía, Capital de Bulgaria, es una pintura ¡una obra de Arte! 
A simple vista su gente parece heterogénea, cosmopolita y llena de inmigrantes. Nada más alejado de la realidad: casi no los tiene. Es que unas de las peculiaridades de los rasgos generacionales de los búlgaros son sus diversas procedencias. Por un lado en el Sur, en épocas casi inmemoriales, se alojaban los Tracios. Quién sepa la historia de Spartacus, más allá de la serie (que es increíblemente buena, porque conjuga una gran historia bien narrada, grandes actuaciones, una gran puesta de escena, acción, drama, peleas, sangre y sexo, muchísimo sexo), sepa que él fue el Tracio más famoso. 
Por un segundo camino, más al Norte, estaban los Eslavos, venidos del norte. De zonas de lo que es hoy Alemania, los Nórdicos, Austria, etc.

Por la calle en el centro.


Pero había una tercera ola que provenían desde Mongolia (al menos así lo expresa la teoría más aceptada). China, que había hecho su gran muralla para frenar la embestida del Imperio Mongol, reprimía también a aquellos que escapaban del ese Imperio, por lo que su vía de escape era hacia el Oeste, hacia lo que hoy es Europa. Muchos llegaron a estas zonas búlgaras y conformaron una tercera vía generacional que está presente hasta hoy en los rasgos de los habitantes de Bulgaria.

Calle con la línea de trolebus. En uruguay, a fines de los 80,
los sacaron de circulación por considerarlos arcaicos.

¿A qué venía todo esto? Me perdí. Ah! Si. La gente. Bueno, eso. Que no tienen inmigrantes.
Querido cinco lectores que me leen: ¿Les parece si cortamos acá, por ahora? porque sabemos que leer más de cinco minutos en internet es tedioso y agotador. Hay un millón de cosas por decir y contar. En un par de días la seguimos y pondré fotos mucho más lindas sobre la ciudad, ya que contaré algo acerca de su historia y su arquitectura.
Sofía, Dark City. Esto es uno de los temás que expondré más adelante.

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