SOFÍA, UN PRIMER TIEMPO PARA EL OLVIDO


Por temas burocráticos hemos tenido la “mala fortuna” de tener que viajar hacia Bulgaria para tramitar una visa de larga estadía en la embajada de Rumania en Sofía.
Para este primer tiempo se había planificado, pensado y hasta previsto ciertas falencias que se pudieran generar. Íbamos a ir en Tren y luego quedarnos unos días para conocer la ciudad y su gente. Hasta teníamos hospedaje en la casa de una pareja búlgara a través de Couchsurfing! Pero casi en la hora, tiempo antes de entrar a la cancha, nos cambiaron el terreno de juego. La planificación que habíamos elaborado cambió en la tarde cuando llegó Catalin, nuestro jefe aquí en Rumania, nos dio todos los papeles, junto con cuatrocientos euros que debíamos pagar y nos presentó a una persona: “El los llevará en su coche”. “Genial”dijimos, fichaje de último momento. Tal vez el partido se haga más claro y nos espere un cotejo más fácil de lo previsto.

La verdad fue una calamidad. Salimos de Râmnicu Vâlcea las 17.00 y llegamos a Sofía a las 2.00 de la madrugada. Nueve horas de viaje que, mirándolo desde lejos, uno diría: “bueno, muchas horas pero en la comodidad del auto”. Pero la verdad que fue una tortura porque el chofer, nuestro principal jugador (incorporado cuando expiraba el período de pases) había estado internado la semana anterior y se encontraba mal de salud, lo que hacía que su estado físico no fuese el mejor. A las dos horas de la partida se iba durmiendo en medio de la ruta. Imagínense, yo casi recién llegado a Rumania y con un inglés muy escaso, tenía que ir hablándole todo el camino. No me había entrenado para eso, mi cabeza no lo podía soportar (como cuando Uruguay juega en la altura de Bolivia, no llega el oxigeno a la cabeza).

Por algún lado…arriba del auto 


A mitad de partido, cuando el cruce de la frontera, fue el momento más complicado. Una caravana infinita de camiones turcos desfilaban por la carretera, casi sin luz y sin señalizaciones. En la ciudad fronteriza de Giurgiu existe un extenso puente que conecta Rumania con Bulgaria. Un puente que no se encuentra en las mejores condiciones y apenas da paso a dos vehículos (claro que uno para ir y otro para venir). Nuestro conductor no tuvo mejor idea que ir acortando camino e ir rebasando los camiones por la acera que va a contramano. Cada tanto se tiraba y veía venir un camión de frente, a lo cual reaccionaba y se metía en la cera correcta nuevamente entre pequeños estrechos que iba encontrando. Paradojalmente, creo que fue su parte del viaje más lucido, tiraba gambetas, desbordando y encontrando espacios; todo entre bromas y risas. Nosotros; yo adelante, Vero y Rodrigo atrás; blancos del susto.



Puente que une Rumania con Bulgaria
(esta foto fue tomada a la venida cuando ya no
habían camiones turcos en la ruta)
Torres de entrada a Rumania

Pasado ese momento crítico del partido, cruzamos la frontera en una espera de casi una hora.  Ya dentro del terreno búlgaro nunca encontramos señalizaciones ni luces. Las carreteras, desechas por el paso de carga pesada, nos no permitía un buen desplazamiento por el terreno del juego.

El conductor, que se nos dormía; yo adelante en un jaque; Vero y Rodrigo atrás, durmiendo. Cuatro en un auto, tres durmiendo y yo despierto. El problema era que yo no era el conductor. Sin dudas uno de los partidos más sufridos de mi vida.

En alguna parte de la ruta en Bulgaria
Llegados a Sofía, paramos el partido (como en el Básquet) y dormimos cinco horas. Nos levantamos, desayunamos y salimos dispuestos a revertir el resultado adverso. Afuera, el auto encepado. “Facking bulgarian’s” gritaba nuestro conductor. Nosotros, solo mirábamos los trolebús pasar, los carteles con el alfabeto distinto, los edificios sacados de una novela de Dickens y el auto encepado. Debíamos estar a las diez de la mañana en la embajada rumana.
Llegamos a las 11.00. Presentamos los papeles y parecía que el partido de acomodaba. Pero a la hora de pagar, en vez de los cuatrocientos euros iniciales ¡tenía trescientos!“Pero me cago en la reputísima madre que me recontra mil parió” me salió de una y a toda voz como de si de un hincha se tratase (con el perdón a mi madre que nada tiene que ver en esta historia). Había perdido cien euros ¡Cien euros! “pero si yo puse la plata acá y nunca más la toqué ¡no puedo ser tan banana!” vociferaba. No quedó más remedio que poner de nuestra plata (que por alguna razón habíamos llevado por si acaso) y pagamos. Era como un penal injusto en nuestra contra, vimos el resultado adverso reírsenos en la cara, impune y sarcástico.

La entrada por carretera a Sofía es una postal 
Cansados de tanto correr atrás del balón, nuestro conductor nos preguntó si queríamos recorrer Sofía. “No” al instante le dijimos “nos vamos ya”. Este primer tiempo debe terminar lo más pronto posible. Es que casi no habíamos dormido y el conductor seguramente se nos iba a dormir otra vez en el camino. Era mejor viajar de día.
Salimos a las 11.30 y llegamos 19.30. Pero el día no cambió mucho la cosa, el partido seguía igual: perdiendo por goleada. En el camino se nos iba durmiendo nuestro fichaje estrella. Decidí que era hora de algún cambio de posición en la cancha. Rodrigo pasó hacia delante. Cuando quise acordar, Rodrigo iba roncando al lado del conductor. “Puta madre” poco cambio le dio al partido.

Al cruzar la frontera, ya en Rumania, nos paró la policía ¡Plum! ¡Gol en la hora! “Exceso de velocidad”, dijo el milico hijo’e’puta. Multa y a llorar al cuartito. Pero de algo sirvió: nuestro conductor, de tan ofuscado que estaba por la situación, no durmió más mientras manejaba. Se concentró un poco más en lo que pasaba en el terreno de juego y hasta se podría decir que el fin del primer tiempo terminó medianamente bien, escuchando música rumana, hablando sobre las políticas neoliberales y la transición que ha vivido el pueblo. Pero eso es tema para otro post.

Un primer tiempo mal jugado, con complicaciones desde el inicio, con equivocaciones grandes en el camino, sin encontrar el volumen de juego que permitiera la tranquilidad necesaria. Queriendo siempre que se termine el tiempo para poder rearmar las estrategias del equipo y poder tener un segundo tiempo mejor.
El entre tiempo acomodó las cosas y aclaró las ideas. Pero claro, los detalles del segundo tiempo vendrán más adelante.

Un pequeño adelanto de un segundo tiempo para el recuerdo

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