SHOCK CULTURAL

El Shock Cultural es entendido como aquel estado de confusión que conlleva cambiar  las circunstancias sociales que hacen a nuestro contexto. Esto se expresa cuando nos movemos de nuestra zona de confort; lugar que engloba todo aquello conocido: lugares, las rutinas que nos ordenan, los espacios en donde vivimos diariamente (trabajo, casa, espacios libres, espacios de esparcimiento y estudio) y, por supuesto, idioma y cultura. La persona necesita una readaptación a lo que conocían en su vida, por lo que puede ser un trance complicado de superar.

En lo que a mí se refiere no he tenido mayor problema para la adaptación y el cambio. De todas maneras no hay que contar la plata antes de vender los bueyes. Siempre algo se te escapa y te hace tener algún que otro choque.

Ayer, en el primer día de trabajo en el Parque Nacional Cozia, nos tomamos un tiempo para visitar uno de sus monasterios. Uno de ellos es un hermoso predio entre las montañas, con diversos establecimientos religiosos, algunos chicos y otros más grandes. De diversas épocas y concepciones arquitectónicas distintas. Tal es así esto último que posee un Santuario hecho en roca viva en el Siglo XVII (a lo Páez Vilaró pero sin la tecnología de nuestro siglo).
Vista de frente del Santurio Antiguo

Interior. A la derecha, el altar.
Construido por dos monjes, es un hueco en una esquina rocosa, con escaleras naturales gastadas por los siglos de tránsito. En su exterior tiene dos huecos: uno sirve de puerta de entrada y otro, de ventana. En su superficie de no más de dos metros por tres se respira un aire húmedo, místico y añejo. Su techo, pintado por el hollín de los millares de velas prendidas a lo largo de sus inmortales años, posee un orificio que lo conecta con el cielo y sirve como vía de escape del humo.

Carta donde se manifiesta la creación y los
nombres de los monjes creadores

En sus fallas la gente inserta pedidos en un pequeño
trozo de papel.
Las paredes tienen huecos para insertar los
dedos y orar (claro que esta foto es solo una
demostración para que usted se haga la idea)
Es impensable saber que allí moraron esos dos monjes por el resto de su vida, dedicados a las cuestiones divinas y el ascetismo. Allí, mi mundo se golpea de frente con otro tan desconocido e incompresible. Fue en ese momento que sentí el desanclaje de mi subjetividad y la vi navegar a la deriva en un universo caótico.


Aunque fui bautizado y tomé la comunión (cuestión tradicional en un pueblo chico de tres mil habitantes) yo soy un militante agnóstico. Esta forma de mirar la vida ha moldeado mi subjetividad. El Uruguay siento que es un poco así. Le importa poco la cuestión religiosa y la Iglesia no tiene mucho poder sobre la sociedad y sus costumbres. Bromas como “la Iglesia que más ilumina es la que arde” son muy livianas en mi mundo. Aquí eso suena un insulto y un irrespeto a las costumbres, a lo que hace ser a ciertas personas lo que son.

Estas experiencias me plantean concepciones como que la vida es una constante búsqueda de significados. Esa búsqueda me reafirma que el mundo es inabarcable, infinito. 

Posee un cementerio, abierto y con una vista bastante decente.
(Foto tomada por Rodrigo Falero)

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